— con Lau Caruana, Domenica Nathali Rusher de Henderson,
Capítulo 4- Será divertido
Lucy: –apenas puse un pie en la secundaria la mañana siguiente, mi
rubia amiga me recibió con un grito- ¡¡Fiesta en tu casa esta noche!!
Yo: -solté una carcajada- Sigue soñando –me miró seria pero antes de
que pudiera volver a hablar emití una pregunta- ¿Y desde cuándo eres tú
la que decide lo que se hace en mi casa?
Lucy: No fui yo –resopló- Tu hermano planeó una fiesta esta noche en tu casa.
Yo: -puse los ojos como platos- Ahora sí que Carlos perdió la cabeza.
Con todos los problemas entre mis padres cree que podrá hacer una fiesta
en casa. Está loco –me alejé de Lucy y fui en busca de mi hermano, que
estaba de espaldas hablando con una chica de lo más animado. Lo tomé por
el brazo y me lo llevé lejos de ella-.
Carlos: ¡¿Te volviste loca?!
¿Qué no ves que estaba en un asunto ahí? –dijo haciendo una disimulada
pero irritada seña con la cabeza hacía la chica castaña que nos miraba
confundida con la que anteriormente mi hermano mayor estaba hablando-.
Yo: ¡Tú te volviste loco! ¿Cómo crees que podrás hacer una fiesta en
casa con los problemas de nuestros padres? Además yo no estoy de humor
para tener una cantidad de alocados chicos en mi casa –dije utilizando
su mismo tono irritado-.
Carlos: En primer lugar, es mi casa
también, no solo tuya –rodé los ojos pero él no pareció advertirlo- En
segundo lugar, mamá y papá irán a visitar a un viejo amigo suyo que está
enfermo y se quedarán en su casa de verano el fin de semana.
Yo: ¿Y cómo es que yo no lo sé?
Carlos: Has pasado todo el tiempo encerrada en tu habitación, apenas
cruzaste palabra con ellos anoche y en la mañana, así que me lo dijeron
solo a mí. Planeaban decírtelo cuando volvieras a casa en la tarde, pero
ahora ya lo sabes.
Yo: Una buena pregunta es cómo convivirán un fin
de semana viéndose las caras todo el tiempo… -murmuré mirando el suelo y
un estremecimiento se apoderó de mi cuerpo-.
Carlos: Ese no es
nuestro problema, creo que por un fin de semana podrían liberarnos de
sus problemas, ¿no? –asentí levemente- Y será divertido.
Yo: Pero… sigue habiendo un problema –me miró extrañado- Yo no tengo ganas de tener una fiesta.
Carlos: -resopló- Vamos, te divertirás un poco –me golpeó el hombro suavemente, aunque yo fingí sentir dolor-.
Yo: Sólo si invitas a mi curso también.
Carlos: Ningún problema por eso, ya invité a tu curso y al mío –me
sonrió ampliamente, pero fue en ese momento cuando me di cuenta de
algo-.
Yo: Tu curso… incluye a Logan…
Carlos: Ya me dijo que estaría ocupado en la noche. Tú tranquila, que ya sé cómo está la cosa.
Yo: -sentí una especie de alivio- Gracias al cielo –murmuré-.
Carlos: Entonces habrá fiesta esta noche en casa –sonrió aún más y besó
mi mejilla para luego darse media vuelta e irse en el instante en el
que el timbre que indicaba nuestra entrada a clases sonó-.
Siempre me habían encantado las fiestas. Aunque aquel día no tenía ganas
de nada referido a ver muchas personas me agradaba la idea de estar en
una fiesta con mis amigos y sin Logan. Una pequeña ayuda a olvidarme de
él me sería más que útil. Aún así, estaba segura de que lo llevaba
bastante bien, ya que aquella mañana lo había visto varias veces y lo
único que había hecho era mirar a otro lado e ignorar sus bellos ojos
cafés.
Mi día había consistido en escuchar el palabrerío de
Lucy acerca de la fiesta, que por lo visto la emocionaba por demás, y en
ignorar a mi ex novio. Cada vez que lo veía demasiado próximo a mí me
alejaba de él e intentaba despejar mi mente pensando en algo más. Y
realmente me sorprendía lo fácil que se me estaba haciendo. Tenía las
esperanzas encendidas de que si me mantenía alejada yo podría olvidarme
de él. No podía llevarme demasiado tiempo y estaba más que confiada en
que sería simple.
Al salir de clases me dirigí a mi casa sola,
ya que mi hermano tenía práctica de hockey. Mi cabeza divagaba, hasta
que llegué a la puerta de mi casa. Apenas puse un pie en el primer
escalón de la puerta de aquella casa pintada de color amarillo, pude
escuchar los gritos de mis padres: nuevamente discutían. Resoplé, ya
cansada de todo aquello y empujé el pestillo de la puerta para darme
paso a la ruidosa discusión entre mis progenitores. Pasé por su costado
mientras intentaba hacer caso omiso a sus gritos, pero me era casi
imposible.
Ben (mi padre): ¡Es solo un fin de semana y te llevas dos maletas, Kira! ¡Pareces adolescente!
Kira (mi madre): ¡Bueno, al menos un comentario positivo me das en medio de todas tus quejas e insultos!
Ben: Sabes perfectamente que no me refiero a tu cuerpo, de tanto que te amargas en la vida hasta pareces de más edad.
Kira: ¡Es uno de los peores insultos que puedes decirle a una mujer: que parece más vieja!
Realmente me superaban sus estúpidas discusiones. Ni siquiera
habían notado mi presencia ya que estaban muy ocupados discutiendo
acerca de la cantidad de equipaje que llevaba uno o los insultos del
otro. Ya había intentado arreglar las cosas y hacerlos sentarse a
hablar, al igual que Carlos, pero con el tiempo nos dimos cuenta que era
una clase de misión imposible. Ya nos habíamos resignado, sabiendo que
estábamos destinados a oír las discusiones de nuestros padres hasta que
nos fuéramos de la casa, cosa que deseábamos que fuese pronto. Oíamos
tanto las idiotas como las más serias. Pero todas se pasaban de los
límites lógicos, de eso no había dudas.
Sin decirles nada a
mis padres, me encerré en mi cuarto una vez más. Dejé caer la mochila en
el piso y me tiré en la cama, colocando un cojín sobre mi cara en un
intento de no escuchar los odiosos gritos. No era que me molestara
demasiado los gritos; mi problema era que me dolía sentir que se odiaban
mutuamente y que no hacían nada al respecto, que no les importaba si a
sus hijos les dolía o molestaba. Pasaba a ser algo que se encontraba
completamente fuera de control. Y lo peor de todo era que el divorcio no
quería aparecer entre aquel embrollo.
Yo: -al oír mi celular sonar, contesté la llamada- ¿Hola?
Lucy: ¿Qué te pondrás esta noche?
Yo: No lo sé todavía –dije recordando ese asuntito: no tenía ni la menor idea de que usaría-.
Lucy: Pues ya voy a tu casa a ayudarte a escoger, tienes que estar
radiante esta noche para enseñarle a todos que estás en tus mejores
momentos –dijo muy emocionada-.
Yo: Pero eso es una mentira enorme –me levanté de mi cama y me aproximé a mi ropero-.
Lucy: -resopló- Hazme caso, ¿sí? En diez minutos estoy allí con mi ropa y te ayudo a elegir.
Corté la llamada y me quedé mirando mi ropa, evaluando las
opciones que tenía para usar aquella noche. Realmente no tenía ganas de
tener una fiesta esa misma noche, aunque siempre me hubiesen gustado las
fiestas. Estaba muy cansada y sin ánimos de tener mi casa llena de
gente. Suspiré y escuché el timbre de mi casa: Lucy. Me apresuré a
bajar.
Yo: -le grité a mi hermano desde las escaleras- ¡Carlos no
abras la puerta que de seguro es Lu…! –al mirar la sala me quedé
callada- cy –finalicé mi anterior aviso mientras observaba la limpia y
arreglada sala- Wow.
Carlos: -apareció frente a mí con un salto- ¿Te gusta?
Yo: Está muy lindo hermanito, te luciste –sonreí mirando las luces de
colores, todos los vasos y platos preparados para bebidas y comidas y lo
limpia que estaba la sala; el timbre volvió a sonar de forma
insistente- Esa es Lucy –me acerqué a la puerta y me encontré con su
gigantesca sonrisa frente a mí y un gran bolso color azul oscuro que
supuse sería para su ropa- Hola.
Lucy: Hola –dijo entrando a mi casa
y observando todo con los ojos bien abiertos- Se ve genial Carlos –dijo
luego de un momento que se tomo para mirar todo; alzó su mano hacia él
con los dedos extendidos- Dame cinco.
Carlos: -rió por lo bajo y correspondió a su pedido- Gracias, ya sé que soy todo un genio –nos guiñó un ojo con aire sobrador-.
Yo: Claro –dije rodando los ojos-.
Lucy: -se rió en voz baja- Bien, si me permites Carlitos me llevaré a
tu hermana menor para vestirla y ponerla más linda de lo que ya es –dijo
sonriendo y tirando de mi brazo para llevarme a mi habitación-.
Carlos: ¡Sorpréndanme! –gritó desde el piso de abajo mientras la rubia me arrastraba escaleras arriba-.
Capítulo 5- Los vestidos no hablan
Lucy: Muy bien –dijo analizando la ropa dentro de mi ropero- Yo creo
que lo que mejor te sentaría sería un vestido. No tiene que ser un
vestido demasiado llamativo, pero que diga: No le tengo miedo a nada,
soy fuerte. Y no: Estoy deprimida. ¿Entiendes?
Yo: -me quedé callada por unos instantes- Los vestidos no hablan, Lulú.
Lucy: Pues deberían –dijo volteando con varios
vestidos entre sus manos- Y ya deja de criticar lo que digo y pruébate
los vestidos, quiero ver cómo te quedan –me entregó los vestidos y me
dirigí al baño-.
Yo me iba probando los distintos vestidos
mientras Lucy los evaluaba y decidía cuál me quedaba mejor. A mí
realmente me daba igual: si a mí me gustaba, no me importaba la opinión
de los demás… solo la de Logan cuando éramos novios. Pensando en eso mi
cabeza comenzó a flotar una vez más sin quererlo. Lo bueno era que podía
estar viajando pero fingir que estaba completamente concentrada en algo
más.
Lucy: Perfecto, usarás ese –dijo sonriendo satisfecha- Se te
ve genial –me miró de arriba abajo una vez más- Es simple, pero al mismo
tiempo lindo –hizo una pausa- Color violeta oscuro, el cual dice: Soy
libre de hacer lo que quiera.
Yo: Una vez más: los vestidos no
hablan –dije separando las últimas cuatro palabras en sílabas con
intenciones de molestarla un poco más-.
Lucy: ¡Ya deja de
criticarme! –tomó uno de los cojines de mi cama y me golpeo en la cabeza
mientras reía- Y ve a prepararte que no nos queda demasiado tiempo.
Una vez duchada y vestida, Lucy ocupó el baño para poder vestirse.
Yo fui aplicando un poco de maquillaje en mis ojos, mejillas y labios.
No llama demasiado la atención, lo cual era la intención, pero la sombra
violeta hacía juego con mi vestido. Una vez lista, me miré al espejo:
no me veía mal, pensé. Entonces entró mi mejor amiga la habitación,
vistiendo un vestido color azul ajustado, que marcaba bien su delgada
figura. El color de su vestido contrastaba con su piel pálida. Su
cabello rubio le llegaba hasta los codos y lucía completamente lacio.
Llevaba zapatos de plataforma color azul.
Yo: Wow… te ves excelente –dije y sonreí de lado-.
Lucy: Tú te ves mucho mejor que yo –tomó mi mano y me dio una vuelta en
mi lugar- Tu piel morena se ve genial con esos colores, amiga –me
enseñó su perfecta sonrisa-.
Para cuando estuvimos listas las
dos, ya se oía música desde el piso de abajo. Me puse un par de zapatos
de plataforma color negro y me arreglé un poco más mi lacio y negro
cabello. Ambas bajamos las escaleras, para encontrarnos con algunos
chicos poblando la sala mientras conversaban y bebían algo. Saludé a las
personas que se encontraban allí y luego me puse a conversar con Lucy. A
medida que los minutos pasaban, el lugar cada vez se llenaba más de
gente. Acabé por pensar que mi hermanito había invitado a más gente de
la acordada. Resoplé y me puse a buscar a Carlos, quien obviamente ya
estaba bebiendo alcohol, aunque aún no estaba borracho. Tenía que
ingerir mucho alcohol para acabar en un mal estado. Y eso solía pasar.
Yo: Carlos, ¿puedo hablarte? –antes de que pudiera responder lo tomé por el brazo e hice que me mirara a los ojos-.
Carlos: ¡Oye! Ya no hagas eso Ashley, casi vuelco mi vaso por tu culpa
–dijo mirando su vaso con bebida de color azul, como si se preocupara
por la salud de aquel insignificante vaso-.
Yo: ¡Dijiste que invitarías a mi curso y al tuyo nada más!
Carlos: Y a ellos invité –dijo encogiéndose de hombros-.
Yo: -puse los ojos en blanco y señalé exageradamente a la multitud de
gente que se hallaba en nuestra sala- ¡Aquí hay mucha más gente!
Carlos: Oh, pues –hizo una pausa para beber un trago más de su bebida- Invité a unos amigos más.
Yo: ¡Carlos! ¿Y si mamá y papá se enteran? ¡¡Nos matan!! –exclamé nerviosa-.
Carlos: -resopló despreocupado- No se enterarán. Además, no se iban a
enterar siendo algunos chicos, con otros más tampoco lo harán.
Yo: -lo miré por unos momentos- Bien. Después no digas que no te lo advertí.
Me alejé de él, bastante molesta. Si mi hermano no arreglaba todo
bien y a tiempo, nuestros padres podrían enterarse. Además, siendo más
cantidad de chicos era más probable que rompieran algo. Traté de
distraerme un poco hablando con los chicos de mi clase, que se
encontraban todos allí. No quería estar nerviosa, quería permanecer
tranquila. Estaba conversando con ellos, cuando de repente tocan timbre.
Resoplé. No cabía nadie más en la sala, ya no permitiría que entrara
nadie más. Me iba a acercar a la puerta, cuando mi hermano se me
adelantó y la abrió, dejando entrar a dos personas, de las cuales una me
dejó helada. Me quedé parada en mi lugar, observando Logan entrar junto
con Ashley, la chica de su clase. Una ola de sensaciones recorrió mi
cuerpo por completo, sensaciones que no supe describir ni comprender por
completo. Cuando pude reaccionar, fui en busca de mi amiga con vestido
azul, que bailaba muy feliz. La arrastré del brazo hasta sacarla de la
pista.
Lucy: ¿Qué pasa Ash?
Yo: Eso pasa –dije tragando saliva y apuntando con la cabeza en dirección a Logan- ¡Se suponía que no vendría!
Lucy: Eso dijo tu hermano, ¿cierto? -lo miraba sorprendida; me
estremecí- Tranquila Ashie –dijo tiernamente- Solo… haz lo que haces en
la secundaria: ignorarlo –asentí no muy convencida- Y recuerda lo que
dice tu vestido –me guiñó un ojo-.
Yo: A lo primero le haré caso, a lo segundo sabes que no –intenté sonar relajada, aunque me costaba-.
Fui a la pista con Lucy para bailar un poco, pero no podía dejar de
buscar a Logan con la mirada. Cuando lo encontraba, siempre lo veía
riendo, como si estuviera siendo feliz al igual que siempre. Y se veía
tan hermoso como siempre… vistiendo tan solo unos jeans y una camisa de
color negro. Su cabello lucía tan perfecto como siempre y al verlo
sonreír sentía unas inmensas ganas de correr y abrazarlo. Sentía tantas
cosas por dentro… eran tantas cosas mezcladas que me revolvían el
estómago.
Entonces vi a su amiga Ashley acercarse a él. Ambos
se sonreían, y yo no podía evitar recordar cuando su sonrisa era solo
mía, cuando sus labios eran solo míos, cuando su cuerpo, su alma y todo
Logan Henderson era de mi propiedad. Yo me había entregado tanto a él… y
ahora sonreía con alguien más. Me di cuenta de que ignorarlo me estaba
haciendo peor. Una punzada de angustia me atacó repentinamente,
haciéndome estremecer. Me alejé de la multitud disimuladamente y abrí la
puerta de mi casa para poder salir de ese aplastante lugar. El aire
fresco me dio de lleno en la cara. Me senté al lado de la puerta y me
acurruqué en mi lugar, abrazando mis rodillas mientras mi oscura
cabellera caía a los costados de mi cuerpo. Y así comencé a llorar.
Lloraba en silencio, intentando no llamar la atención de nadie, pero
necesitaba sacar el dolor que sentía. Entonces escuché el sonido de la
puerta de mi casa abriéndose. Y luego una voz masculina que me hablaba.
________: ¿Ashley?
Capítulo 6- ¿Quién lo diría?
__: ¿Ashley? ¿Estás bien? –dijo esa persona acercándose a mí; se agachó frente a mí-.
Yo: -alcé un poco los ojos para así encontrarme con los ojos verdes de
Kendall- Sí… estoy bien… -dije con voz tenue- ¿Qué haces aquí afuera?
Kendall: Salí a tomar un poco de aire, hace mucho calor allí dentro.
Yo: Lo sé –volví a esconder mi cabeza entre mis piernas- No te preocu
pes Kendall, puedes seguir con lo tuyo. No te preocupes por mí.
Kendall: -suspiró- Ashley, yo… sé que desde que nos conocimos no nos
llevamos demasiado bien –reí internamente ante esas palabras, porque
sabía bien que era cierto- pero… puedes confiar en mí
Sus
palabras: “puedes confiar en mí”, por alguna extraña razón me inspiraron
cierta confianza que no había sentido con ninguno de mis otros amigos o
amigas. Nunca había desarrollado una amistad con Kendall; nos
conocíamos desde hacía tres años, cuando él había entrado a la
secundaria. Y siempre nos habíamos llevado mal. Aquel año, aún así, dejó
de caerme tan mal y pasó a ser un compañero más en mi clase.
Yo:
Siéntate –él obedeció y se sentó a mi lado, cruzando las piernas- Antes
de decirte nada, tienes que jurarme que no le dirás a nadie nada de lo
que te diga –hablaba con voz pausada y apagada a causa del llanto-.
Kendall: -nos miramos a los ojos- Lo juro.
Yo: -tragué saliva y permanecí mirando al frente, en donde se
encontraba la calle- Logan y yo nos separamos porque… lo escuché hablar
con su mejor amiga diciendo que ya no me quería. Fue ahí cuando no
soporté saber que era mi novio sin quererme, que no había sido capaz de
decirme la verdad –mi voz se quebró- Pensé que ignorándolo lograría
olvidarme de él, pero al parecer me equivoqué… -me puse a llorar una vez
más- porque lo extraño, sigo enamorada de él como nunca me enamoré de
nadie en mi vida –escondí mi cabeza en mis rodillas y lloré
desconsoladamente; Kendall acarició mi espalda con una de sus manos- Y
seguramente podré olvidarlo y encontrar a alguien más pero…
Kendall: No existe nadie más igual que él para ti –dijo acabando mi frase en un susurro-.
Yo: -levanté la cabeza y lo miré- ¿Entonces si me entiendes?
Kendall: Claro que te entiendo –hizo una pausa mientras centraba la
mirada en la calle- Yo… estoy enamoradísimo de… -su voz se apagó y miró
al suelo-.
Yo: Ya sé que es Cecily –él se sonrojó; yo reí por lo bajo- Tranquilo, no diré nada. Aunque ya todos lo saben.
Kendall: Lo sé… se lo conté a alguien y se lo dijo a media secundaria.
De ahora en adelante voy a aprender a callarme con algunas personas
–dijo mientras su rostro adoptaba una expresión molesta- Pero no es el
punto. El punto es que sé que ella no me ama, sé que voy a tener que
olvidarme de ella pero también sé que no habrá nadie como ella, porque
nunca estuve tan enamorado de alguien.
Yo: Yo… te entiendo Kendall
–dije secando un poco las lágrimas que empapaban mis mejillas- Logan
siempre fue lo más importante para mí, siempre me amó tanto… -apreté los
párpados y volví a llorar-.
Kendall: Ashley… ya no llores –acarició mi larga cabellera y yo lo abracé por la cintura; correspondió mi abrazo-.
Yo: No pensé que podría estar así por él –hice una pausa para poder
soltar un sollozo- Pensé que sería simple… y ahora no sé cómo olvidarlo.
Kendall: -suspiró- Una vez mi padre me dijo que el camino correcto para
dejar algo atrás es el que está más cerca –alcé mi cabeza para mirarlo a
los ojos, algo confundida- Pero no siempre es fácil verlo –sonrió de
lado-.
Yo: Pues entonces quiero gafas para poder verlo bien –él rió-.
Kendall: Entonces busca las gafas, pero no creo que te sea muy simple
–dijo sin borrar esa sonrisa de costado de su rostro y acarició
suavemente la punta de mi respingada nariz-.
Yo: -sonreí levemente-
Si quieres puedes ir a disfrutar lo que queda de la fiesta –volví a
secar mis lágrimas con mi dedo índice- Ya te robé mucho tiempo.
Kendall: Iré solo si vienes conmigo y te dejas disfrutar a ti también
–me sonrió ampliamente y se paró de su lugar para luego tenderme su
mano, la cual con su blanca tez pareció brillar a la luz de la luna; al
tomar su mano pude notar el contraste de su piel blanca con la mía más
oscura, morena-.
Yo: Está bien, pero deja que me lave la cara –señalé mi rostro- Apuesto a que me veo terrible.
Kendall: No te ves terrible –dijo arrugando el ceño; alzó su pulgar y
lo frotó suavemente bajo uno ojo y luego bajo otro, para luego marcar
líneas rectas sobre mis pómulos- Ya, ahora pareces una espía.
Yo: -reí- Gracias Kendall.
Kendall: De nada, te ves excelente así. Creo que tú sola te darías cuenta de eso.
Yo: No –dije entre risas- Lo digo porque… me escuchaste y me dejaste poner mi confianza en ti.
Kendall: -sonrió de costado- Por nada Ashley.
Yo: -me abalancé suavemente sobre sus brazos y lo abracé por la
cintura, ya que él era más alto que yo- Puedes llamarme Ash –él me
abrazó a la altura de mis hombros-.
Kendall: -rió- ¿Quién lo diría,
no? –me separé de él y lo miré frunciendo el ceño- Antes nos llevábamos
mal y ahora hasta te digo Ash y todo.
Solté una carcajada y él
la acompañó con una suya. Entramos a mi casa y una vez allí dentro me
metí al baño para poder lavar mi cara. Me miré al espejo y solté una
pequeña carcajada al ver las marcas negras de maquillaje de camuflaje
que Kendall había dibujado en mi cara. Busqué una de mis cremas en el
pequeño armario blanco del baño y comencé a quitar las marcas y los
rastros de llanto con ella, para luego tomar maquillaje nuevo y volver a
aplicármelo. Entonces, sentí golpes fuertes e insistentes en la puerta
del baño.
Yo: ¡Está ocupado! –respondí en un tono de voz fuerte para
que se oyera a través de la puerta y de la música del piso de abajo-.
_______: ¡Si no abres la puerta en este instante Pena voy a tirarla abajo! –gritó mi mejor amiga en un tono muy enojado-.
Yo: -me extrañé un poco, pero sabía que cuando ella usaba ese tono y me
llamaba por mi apellido era porque algo no andaba muy bien y más valía
tener la guardia alta- Quisiera verte hacerlo Blake -me burlé; me
sorprendí ante mi repentino cambio de humor-.
Lucy: ¡¡Hablo en serio Ashley Pena!! –esta vez se oyó una patada sobre la puerta, acción que me provocó un sobresalto-.
Yo: ¡Ya cálmate! –le abrí la puerta- Ni siquiera tenía seguro –ella
entró al cuarto de baño y cerró la puerta con seguro esta vez-.
Lucy: ¡¡Estuve buscándote como una desesperada por media hora!! ¡¿En dónde diablos estabas?!
Yo: Afuera –dije con despreocupación-.
Lucy: ¡¿Y que estabas haciendo?! ¡Te llamé, te busqué por toda la casa y me asustaste!
Yo: Lo siento -suspiré- Tan solo… estaba deprimida y salí un poco a tomar aire.
Lucy: ¿Y por qué no me dijiste nada? Podría haber ido contigo. Además,
ya hablamos el tema de la depresión –cruzó sus brazos sobre su pecho-.
Yo: Y lo sé. Pero es inevitable… verlo riendo sin mí –sentí otra vez
esa punzada de dolor en el pecho- No quiero hablar más de eso porque
volveré a llorar.
Lucy: Aún no comprendo porque te quedaste sola.
Yo: No estaba sola… Kendall salió de mi casa a tomar aire y me vio y pues… me quedé con él.
Lucy: ¿Kendall? –me miró extrañada- Pensé que se odiaban.
Yo: Sí, es extraño, ¿no? Un día nos odiamos… y hoy me escuchó todo lo
que le conté y pues… no parece ser mala persona –me encogí de hombros
mientras guardaba todos los artículos utilizados-.
—
Como a las 5 de la
mañana todos los chicos de mi colegio evacuaron la casa, dejando atrás
un gigantesco desorden. Obviamente dejé a mi hermano hacerse cargo de
aquel gigantesco caos: había manchas tanto de comida como de bebida en
el piso y algunos muebles; platos, vasos, cojines del sofá, papeles y
botellas plásticas y de vidrio tirados por doquier, etc. Cuando todos se
fueron, yo me fui a dormir, dejando a
mi hermano parado en el medio de la sala, con una escoba en la mano. Al
otro día apenas me desperté bajé a la sala, esperando ver todo ordenado.
O al menos un avance. Pero la sala seguía igual: un caos que seguía
siendo caos. Aunque esta vez había un objeto extra, de piel morena,
cabello negro al que yo llamaba hermano. Rodé los ojos, pensando en que
en la madrugada anterior debía haberse tirado al piso y dormido como el
mejor. Me acerqué a él y con mi pie descalzo del mismo color que la piel
de Carlos, lo toqué en el rostro.
Yo: Oye Carlos, despierta
borrachito –me reí por lo bajo; él se limitó a fruncir el ceño- Pareces
muerto –dije agachándome a su lado- Y si no limpias pronto realmente
estarás muerto cuando papá y mamá te maten.
Carlos: -mis palabras parecieron hacerlo reaccionar de golpe- ¡¿Qué día es?! –exclamó mientras se sentaba de golpe-.
Yo: -solté una carcajada- ¿Cuál crees, tonto? –me fulminó con la mirada- Es sábado, las 2 de la tarde.
Carlos: -me golpeó en hombro- ¡Me asustaste!
Yo: -reí- Aún así tienes que ordenar todito este desastre –me levante
de mi lugar - Parece que hubiese pasado un tornado por aquí –dije
mirando todo ese desastre con un dejo de desprecio- Un tornado de mugre
–me corregí con un murmullo-.
Carlos: Un tornado en el que casi no te vi –alzó sus oscuros ojos para mirarme- ¿En dónde estabas?
Yo: Pues… -al recordar la noche anterior sentí una punzada de dolor en
el pecho- estuve… bailando… y eso –tartamudeé un poco- Y tú me habías
dicho que Logan no vendría.
Carlos: Lo sé, fue lo que él me dijo.
Parece que lo que tenía que hacer se suspendió o acabó antes y sí pudo
venir a la fiesta –se encogió de hombros-.
Yo: Ah, claro –suspiré- Bien, ahora ordena todo este desastre.
Carlos: Oye, ¿no vas a contarme qué fue lo que los separó a ti y a Logan?
Yo: -tragué saliva- Que te lo diga él.
Carlos: Él no tiene idea de qué fue lo que pasó, Ash.
Yo: -apreté los párpados, sintiendo un par de lágrimas rodar por mis
mejillas- Creyó que la estúpida enamorada no se daría cuenta, ¿cierto?
Que no se daría cuenta de la verdad y que seguiría confiando en él
ciegamente, como siempre lo hizo.
Carlos: ¿Quisieras explicarte Ashley? ¿Qué fue lo que pasó?
Yo: Él ya no me quiero. Eso pasó –dije en un susurro mientras abandonaba la sala con mi rostro empapado en lágrimas-.
El fin de semana pasó y con él llegó el lunes. Mi hermano había
hecho su trabajo por su cuenta y rápido antes de que mis padres llegaran
y se enteraran de lo que había pasado la noche del viernes en nuestra
casa. En lo que restaba del fin de semana intenté centrar mi cabeza en
el estudio un poco más para poder distraerme y prepararme bien para las
pruebas que se avecinaban. Intenté no pensar en Logan, pero se me
estaba haciendo casi imposible. Un lado de mí quería dejar de pensar en
él, pero el otro lo seguía trayendo a mi mente como si fuese una fuerte
corriente de agua que no paraba de arrástralo a mi mente, junto con los
recuerdos de ambos juntos.
Llegado el lunes, ya en la
secundaria, intenté centrar todo pensamiento en los estudios. Tenía que
irme muy bien en mis pruebas, no podía distraerme constantemente.
Estando en la clase de geografía, pude concentrarme bastante bien, ya
que tenía facilidad para la materia. Y me ayudó no haber visto a Logan
en todo el día, para así poder mantener la mente despejada de él y
concentrada en las clases. Hasta que llegó el almuerzo. Me dirigí a la
mesa con mis amigos y me senté, dispuesta a comer, cuando lo vi entrar
al gran salón… conversando con Ashley. La pelirroja reía, mientras que
él la acompañaba con su maravillosa sonrisa…
-Flashback-
Yo: Te apuesto lo que quieras a que puedo hacerlo –le dije mientras lo observaba desafiante-.
Logan: Bien. Pero no quiero nada más que verte hacerlo –dijo observando
las agarraderas de metal de los jueguitos de aquella plaza- Y ten en
cuenta ese enorme charco de barro que se encuentra abajo.
Yo: Puedo hacerlo… o al menos podía hace algunos años –miré las agarraderas también, haciendo una mueca con la boca-.
Logan: Te creeré cuando lo vea –me dijo desafiante también y luego
apuntó con su cabeza hacia lo que me esperaba- Vamos Ashley, ¿o tienes
miedo?
Resoplé, queriendo mostrarme superada y me tomé de amabas
agarraderas redondas y metálicas, para luego impulsarme con ambas
piernas y así dar una vuelta en el aire y caer con ambos pies. Pero al
caer, mis pies fallaron en el barro y caí sobre el charco marrón,
dejando del mismo color a mi trasero.
Logan: -rió a carcajada suelta- ¡Lo sabía!
Yo: Pero hice la voltereta, que era el trato –dije intentando sonar
despreocupada, pero lo cierto era que me sentía incómoda toda sucia; él
seguía riendo- ¿Te seguirás riendo de mí por mucho rato más?
Logan: -detuvo un poco su risa- Lo siento –me tendió su mano y me ayudó a pararme- Tus tonterías son graciosas.
Yo: Y bien que te ríes con mis tonterías –dije parándome del suelo-.
Logan: -extendió su mano y acarició mi mejilla- Siempre me harás reír,
porque tus tonterías son las más lindas del mundo –me dijo dulcemente-.
-Fin del Flashback-.
Apreté ambos puños con fuerza, pretendiendo aguantar las ganas de
llorar. Pero apenas sentí que mis ojos se inundaban en lágrimas, me paré
de la mesa tomando mi mochila y me alejé de allí, escuchando las voces
de mis amigos que me llamaban. No podía dejar que Logan me viera
llorando por él; no quería que él creyera que no era fuerte. Me metí al
baño de chicas y dejé que las tibias lágrimas recorrieran mis mejillas
por un largo rato. El saber que todo se había acabado, aquello tan lindo
que teníamos, me hacía sentir un dolor agudo en el pecho. Pasé el resto
del almuerzo allí, llorando en silencio, hasta que escuché el timbre de
entrada a mi última clase. Me lavé la cara y me miré al espejo: ya
tenía mejor aspecto, o eso creía. Salí del baño, para luego ir a mi
clase y sentarme en mi lugar sin pronunciar una sola palabra.
Lucy:
-mi mejor amiga se sentó a mi lado y me observó por unos momentos,
mientras yo mantenía mi mirada clavada en el frente de la clase- Perdón
por no seguirte… creí que… querrías estar sola.
Yo: Y sí quería estar sola, de verdad –la miré a los ojos y descubrí preocupación en los suyos color miel-.
Lucy: Yo sé que puedes olvidarlo, Ashie –me acarició la espalda; yo asentí- ¿Te sientes un poco mejor?
Yo: Sí –respondí en un susurro, aunque lo único que quería decir era un rotundo “no”
Saliendo de clases,
me fui con mi mejor amiga a clase de baile. Tenía confianza en que me
haría sentir mejor y olvidarme de todas las cosas sucedidas esa mañana.
Entramos a los vestuarios, donde me puse la ropa adecuada para mi clase y
sujeté mi largo cabello en una cola de caballo. Una vez en el salón,
nos pusimos a calentar con la música que puso la profesora. Los movimientos, como pasaba siempre, fluían de mí. Me sentía en mi lugar.
Luego de haber calentado nos dispusimos a practicar algunos pasos
para la coreografía de fin de año. Yo estaba en la primera fila, bien
cerca de la profesora, de manera que claramente veía mi imagen en el
espejo que tenía frente a mí. Mientras la profesora indicaba los pasos,
me dedicaba a escucharla, hasta que vi la silueta que ese espejo
reflejaba: mi cuerpo, vestido en un short color negro, una musculosa
color blanco, zapatos color negro y mi cabello negro atado en una
coleta. Mi rostro serio, como lo tenía en el momento. Me fijé en mi
rostro, que por alguna razón se veía extraño. Me fijé más en esa imagen y
me formulé una pregunta: ¿y si Logan se había dado cuenta de que era
fea y me había dejado por eso? Tragué saliva.
Profesora: Bien, ese sería el paso principal –dijo mientras yo volvía al mundo-.
Lucy: -miré a Lucy, que estaba a mi lado, con expresión confundida-
Adivino –me dijo en voz baja- No prestaste atención –la música comenzó a
sonar antes de que pudiera responderle a la rubia- Solo mírame por el
espejo y sígueme, no es difícil.
Asentí levemente mientras me
movía con el ritmo de la música, siguiendo los pasos de Lucy a través
del espejo. Pero mirándome al espejo, mi idea anterior volvió. ¿Y si se
había dado cuenta de que era fea? ¿De qué había chicas más bonitas que
yo?
-Flashback-
Yo: -aguanté mis lágrimas- Deberías estar con ella y no conmigo.
Logan: No digas eso Ash –centró su oscura mirada en mis ojos cafés-.
Yo: Ella es mucho más bonita que yo –dije bajando la cabeza, sintiendo mis ojos llenarse de lágrimas-.
Logan: -tomé mi barbilla dulcemente y me obligó a mirarlo a los ojos-
Amber es mi amiga nada más y lo sabes. Ella podrá ser linda, pero
siempre va a existir alguien más hermosa que cualquier otra chica.
Yo: ¿Y ahora quién es? –ya un par de lágrimas resbalaban mis mejillas-.
Logan: Tú –besó tiernamente mis labios- Tú y nadie más que tú. Sabes
que estoy contigo y que no te sustituyo por otra, linda mía.
-Fin del Flashback-.
Si para él fui todo eso… ¿cómo me dejó de amar en un mes? ¿Qué le
hice? ¿Tan fea era que nunca me di cuenta de ello? Entre tantas
preguntas sentí un malestar en mi cuerpo, que me hizo marear. Cuando
quise acordar ya estaba en el suelo. Mi tobillo había fallado y me dolía
bastante. La profesora acudió a mí de forma rápida, al igual que mi
mejor amiga. Ambas se agacharon a mi lado y me miraban preocupadas.
Profesora: ¿Estás bien Ashley?
Yo: -asentí levemente, mientras me agarraba el tobillo dolorido- Me falló el tobillo nada más.
Profesora: -extendió su mano, que al tacto con mi zona dolorida la
sentí fría- No tienes nada, no creo que sea un esguince. Pero será mejor
que te sientes fuera de la clase por un rato, tal vez te mareaste y no
te hará bien quedarte en la clase –asentí y tomé la mano de mi mejor
amiga para pararme del suelo-.
Lucy: ¿Qué pasó? –dijo entre susurros mientras me acompañaba a una de las bancas para espectadores-.
Yo: No lo sé –extendí mi mano hacia mi mochila para beber un poco de agua- Me… falló el tobillo, es todo.
Lucy: Nunca te había pasado… -me dijo con un tono maternal-.
Yo: Ya lo sé, pero no significa nada Lucy, tan solo me caí –me encogí de hombros-.
Lucy: Está bien –asintió- Si necesitas algo avisas.
No dije nada más y ella volvió a la clase. El tobillo ya no me
dolía, pero nunca fallaba en mis pasos. De pequeña había tomado clases
de patín y tenía tobillos fuertes. Recordaba aquellos días en que mis
padres me llevaban a las clases de patín; cuando es estanque cercano a
mi casa se congelaba y mi hermano y yo íbamos a jugar hockey. Nos
divertíamos tanto… hasta que luego comenzaron las peleas entre nuestros
padres y las cosas en mi casa comenzaron a ser muy diferentes. Suspiré y
giré la cabeza para mirarme al espejo que tenía a mi lado. Veía a mis
compañeros bailando; el espejo reflejaba cada uno de sus movimientos.
Luego miré mi rostro: ya no veía esa pequeña niñita de cabello corto,
negro, piel morena y una gigantesca sonrisa. Ahora veía a una chica
seria. Sabía que podía sonreír, sabía que podía con todas esas cosas. Ya
estaba grande y sola podría luchar contra las cosas que atentaban
contra mi bienestar. “Yo puedo salir, sé que dentro de muy poco voy a
estar bien. No me importa que Logan crea que soy fea, no me importa”
pensé, aunque otro lado de mí no quería creerle a esos pensamientos.
Lucy: ¿Quieres acompañarme al centro comercial mañana después de clases? -dijo mientras volvíamos a casa-.
Yo: Claro. ¿Qué comprarás? –intentaba sonar interesada, aunque en esos momentos solo quería permanecer callada-.
Lucy: Pues… la próxima semana son los 16 de Cecily, ¿recuerdas?
–asentí, aunque en realidad ya me había olvidado de eso- Bueno, necesito
un vestido o algo para ponerme y tengo que comprarlo.
Yo: Tienes una cantidad de ropa –dije despreocupada-.
Lucy: Pero no tengo la adecuada, nada me convence. Además, mi madre me
propuso la idea de comprarme algo, y es una oportunidad que no puedo
desaprovechar así como así –reí por lo bajo-.
Yo: ¿Y para qué irás mañana? Falta más de una semana para la fiesta.
Lucy: ¡Deja de preguntar tanto! –exclamó en tono molesto y yo solo reí-.
Yo: Es gracioso verte enfadada, y no me viene nada mal reír un poco –dije bajando la mirada-.
Lucy: Oh… lo siento –dijo acercándose a mí y abrazándome por los
hombros- ¿Sabes? Un golpe no es caída, yo sé que podrás salir de esto. Y
un método que a mí me sirve bastante es creer que ya me olvidé de esa
persona.
Yo: ¿Eso no sería peor?
Lucy: No, porque si crees que lo olvidaste estarás convenciéndote de que es así y acabarás por olvidarlo completamente.
Yo: -fruncí el ceño- ¿Tú crees? –asintió; yo tan solo suspiré- Bien, no pierdo nada con probar –me encogí levemente de hombros-
Capítulo 9- Amarillo patito
__: ¡Oye Ash! –me gritó una voz masculina a mis espaldas-.
Yo: -volteé- Oh, hola Kendall –le sonreí mientras lo observa acercarse a mí-.
Kendall: Amm quería pedirte un pequeño favor –dijo sonriendo inocentemente-.
Yo: Claro, dime.
Kendall: -se recostó contra la pared con la mitad derecha de su cuerpo-
Bien, como se acercan las pruebas y no me está yendo demasiado bien en
literatura… y a ti sí –reí- pensaba que tal vez podrías ayudarme a
estudiar.
Yo: Sí, no tengo ningún problema. ¿Cuándo quieres estudiar?
Kendall: Pues… las pruebas comienzan en dos semanas… ¿qué días tienes libres?
Yo: Ahora en la tarde tengo un compromiso y algunos días luego de clases tengo clase de danza, pero ¿qué tal el viernes?
Kendall: Genial, el viernes –me sonrió- Oye, ¿cómo estás sobre…? –su voz se apagó y permaneció en silencio-.
Yo: Oh, amm… bien –mentí hablando en voz baja-.
Kendall: ¿En serio? –asentí cuidadosamente- Me alegro, en ese caso
–acarició mi brazo con su mano izquierda- Pero sabes que siempre que
necesites algo, estoy para apoyarte, ¿sí?
Yo: Ajá –dije sonriéndole- Gracias.
Kendall: Por nada –besó mi mejilla- ¡Nos vemos mañana!
Cuando el rubio se fue, solté un pequeño suspiro y me fui en
busca de Lucy para que pudiéramos ir juntas al centro comercial. Por el
día no había visto a Logan, lo cual me había ayudado con el método de
Lucy: convencerme de que lo había olvidado. Realmente no sabía si sería
efectivo, pero valía la pena probar. Además, si no estaba cerca parecía
funcionar… bien.
Junto con Lucy nos dirigimos a nuestro destino,
en donde comenzamos a recorrer tiendas y tiendas. No es que no me
agradara ir de compras, todo lo contrario: amaba comprar ropa. El
problema era ir con mi mejor amiga, que era diez veces más problemática
para la ropa que cualquier chica normal. Y las chicas normales ya
tenemos problemas para escoger ropa, así que se imaginarán lo que era…
Lucy: Ay, me gusta el color… -decía mientras giraba una y otra vez
frente al enorme espejo del local con un vestido color salmón puesto-
Pero no me convence demasiado… hace lucir a mi cuerpo… extraño. ¿Tú qué
crees Ash?
Yo: Se te ve lindo, me gusta más que los demás.
Lucy:
Mmm –extendió su mano y tomó el vestido que tenía al lado; el segundo
era celeste y más suelto- Aunque no puedo descartar este –dijo señalando
el segundo- ¿Qué opinas? –me miró a través del espejo-.
Yo: Opino que escojas un vestido y nos vayamos, ya llevamos 2 horas buscando uno –le dije en tono cansado-.
Lucy: -bufó- ¿Por qué no te elijes un vestido para ti?
Yo: No traje dinero como para comprar un vestido. Además algo para poder ponerme debo tener.
Lucy: Bien, como quieras. Pero no estés quejándote a cada rato, por favor.
Yo: -resoplé- Como sea, voy a mirar algunos para no aburrirme.
Me paré de mi lugar y me acerqué a las perchas más cercanas a mirar
las prendas que colgaban de ellas. Había vestidos de muchos colores
diferentes, pero uno llamó mi atención: un vestido ajustado color
amarillo patito…
-Flashback-
Yo: ¿Y? ¿Qué tal este? –dije dando una vuelta frente a sus oscuros ojos-.
Logan: -me enseñó esa matadora sonrisa de lado- ¿Sabes? Pareces un pequeño patito con ese vestido amarillo.
Yo: -alcé las cejas mientras me cruzaba de brazos- ¿Un patito? –él
sonreía mientras aguantaba una gran carcajada- Pues gracias por eso, se
me van las ganas de ir a la fiesta contigo –me di la vuelta, fingiendo
que estaba molesta, pero antes de que pudiera irme me tomó por la
cintura; se abrazó a ella con sus fuertes y pálidos brazos, mientras que
con sus manos se afirmaba aún más a ella-.
Logan: Sabes que te ves hermosa –me dijo al oído, haciéndome estremecer-.
Yo: ¿Lo crees de verdad? –dije girando la cabeza con intenciones de verle la cara, aunque se me hacía algo difícil-.
Logan: Claro que sí –proporcionaba pequeñas caricias a mi cintura que
me hacían sentir demasiado bien- Se te ve hermoso. Y si lo llevas,
serías mi pequeña patita –reímos levemente juntos y luego besó mi
mejilla-.
-Fin del Flashback-.
Sin quererlo, revivía su suave
risita en mi oído, su respiración en mi cuello que en ese momento se
encontraba descubierto al llevar mi cabello negro atado en una coleta;
revivía momentáneamente sus dulces labios que dejaban un pequeño y
tierno beso en mi mejilla. Y así, sin darme cuenta… ya una lágrima
resbalaba por mi mejilla, la misma que ese día besó, que tantas veces
acarició y besó. Cómo lo extrañaba, no tenía manera de explicar lo que
él me hacía sentir con esos detalles tan pequeños. Me hacía sentir
única, tanto con sus palabras como con sus besos, sus caricias, sus
abrazos. ¿Cómo fue que todo eso se acabó? ¿Por qué dejé que todo se
derrumbara? Apreté los párpados mientras sentía un agudo dolor que me
atravesaba el pecho. Me forcé a no llorar: no podía llorar en ese lugar
tan repleto de personas. Abrí los ojos y busqué a mi rubia amiga con la
mirada hasta hallarla pagando su vestido.
Yo: -me acerqué a ella- Ya nos vamos, ¿cierto? –mi voz sonaba algo temblorosa-.
Lucy: Claro, solo déjame pagar y… -se detuvo cuando me miró a los ojos y
vio que los míos se llenaban de lágrimas- Ya nos vamos –pagó el
vestido, tomó la bolsa color celeste y salimos del local- ¿Qué pasa Ash?
–me llevó del brazo hasta una banca donde pudiéramos sentarnos-.
Yo: No lo sé –respiré hondo intentando calmarme- Todo me recuerda a él
Lulú, no sé qué es lo que me pasa –llevé mis manos a mi rostro y lo
cubrí, aguantando las lágrimas que en esos momentos nublaban mi vista-.
Lucy: -suspiró- Puedes olvidarlo. Solo tienes que… hallar algo que te
distraiga cuando llegues a pensar en él –asentí levemente- Ven, vamos a
dar unas vueltas más, ¿quieres? Tal vez ayude.
Yo: Está bien –me
encogí levemente de hombros y nos dispusimos a caminar por el centro
comercial mientras mirábamos ropa y diferentes cosas-.
Nos
detuvimos en varias tiendas para probarnos algo de ropa cada una.
Intenté poner mi mejor cara y sonreír un poco aunque solo quisiera
llorar. Sabía que Lucy solo quería ayudarme aunque esas cosas no me
estaban ayudando demasiado; pero quería agradecerle todo mostrándome
feliz aunque por dentro me sintiera hecha añicos.
Capítulo 10- 20 preguntas
Fue pasando la semana hasta llegado el viernes. Ese día iría a la
casa de Kendall a estudiar con él. No tenía demasiados ánimos para nada,
pero una promesa era una promesa. Un par de horas después de que las
clases acabaron fui hasta su casa, que para mi sorpresa no quedaba
demasiado lejos de la mía. Presioné el botón del timbre y momentos
después apareció Kendall, con jeans color azul y una camiseta color gris. Al verme sonrió.
Kendall: Wow, qué puntual –reí: eran las 4 en punto, tal y como habíamos quedado; me dejó el paso libre- Pasa.
Yo: Gracias –entré y observé su casa con disimulo- Qué linda casa.
Kendall: -rió por lo bajo- No tienes que elogiar a mi casa, no me ofenderé si haces un comentario feo de ella.
Yo: En serio me gusta –le dije esta vez mirándolo a él- Y no arruines mi comentario elogiador.
Kendall: -sonrió de lado- ¿Vamos a mi habitación? –asentí y él me llevó
hasta su habitación: normal, paredes pintadas en un celeste apagado,
cama, un escritorio con una laptop, repisas con libros y cd’s de
música, un gran ropero y una ventana que daba a las calles de Minnesota-
Bien, toma asiento –dijo apuntando a una de las sillas que se hallaba
al lado del escritorio color chocolate-.
Yo: Gracias –me senté en
una de las sillas y él se sentó a mi lado en otra; saqué de mi mochila
mi cuaderno con mis apuntes y mi libro de literatura- Traje mis cosas
porque tengo varios apuntes que tal vez te sirvan –asintió mientras
observaba mi cuaderno con el ceño fruncido-.
Kendall: ¿Cómo es que
sacas todos estos apuntes? –el rubio hojeaba mi cuaderno manteniendo su
misma expresión de confusión- Yo apenas entiendo la clase…
Yo: -reí un poco- Dime qué es lo que más te cuesta.
Kendall: Los análisis en los textos. Realmente no entiendo como
completar un análisis, con una breve descripción es suficiente –dijo
rodando los ojos-.
Yo: Pero lo que pide la literatura es tu capacidad de desarrollar.
Kendall: Y de inventar cosas donde no las hay –agregó divertido-.
Yo: -resoplé en un intento de no reírme- Mira –busqué en mi cuaderno de
tapas negras un análisis realizado por mí- Por ejemplo en este texto,
había una habitación con cortinas azules, paredes blancas, pisos color
celeste. Son todos colores fríos. Lo que quiere el escritor lograr allí
es mostrar la frialdad de la situación en la que se encuentran los
personajes mediante los colores que los rodean, ¿entiendes?
Kendall:
Entiendo, pero no creo que se me vaya a ocurrir esa coincidencia cuando
yo lo escriba –rodé los ojos, divertida- Y además, ¿para qué
complicarse la vida? El escritor podría tan solo decir que la situación
se volvió fría y tensa y todos contentos.
Reí ante su
comentario, para luego seguir en lo nuestro. Estuvimos cerca de dos
horas leyendo diferentes análisis y leyendo bastante. Me entretenía un
poco, me mantuvo bastante distraída.
Kendall: Oye ya me aburrí –dijo suspirando-.
Yo: -reí- ¿Dices que yo te aburrí? Pues gracias –me hice la ofendida-.
Kendall: Sabes que no hablaba de eso.
Yo: Lo sé, lo sé –sonreí-.
Kendall: ¿Jugamos a algo? –preguntó sonriendo de lado-.
Yo: Amm ¿Veinte preguntas?
Kendall: Genial, ¿comienzo? –asentí- ¿Color favorito?
Yo: Violeta –sonreí- ¿El tuyo?
Kendall: Azul. ¿Verano o invierno?
Yo: Verano, sin dudas detesto el frío. ¿Tú?
Kendall: Invierno –puse los ojos en blanco- ¿Sabes? Todos odian el
invierno por ser frío, pero me gusta más ver la nieve de Minnesota caer y
además en caso de tener novia el frío que tenga sería una excusa para
abrazarla –reí- ¿Qué te gustaría hacer en un futuro?
Yo: Pues… me
gusta mucho bailar y me encantaría poder ser bailarina profesional o
dedicarme a cualquier cosa que se vincule con el baile. ¿Y tú?
Kendall: Aún no me decido pero me gusta la música y tocar la guitarra. Si es posible me dedicaría a eso.
Yo: ¿Tocas la guitarra? –asintió mientras sonreía un poco- ¿Tocarías algo para que yo te escuche?
Kendall: Me da algo de vergüenza –dijo sonrojándose un poco- Pero está
bien –se levantó de su lugar y fue en busca de su guitarra- Y recuerda
que ya perdiste dos preguntas –reí por lo bajo mientras él colocaba los
dedos en las cuerdas de la guitarra; reconocí al instante la canción que
comenzó a tocar: Hey there Delilah- A thousand miles seems pretty far
but they’ve got planes and trains and cars, i’d walk to you if i had no
other way. Our friends would all make fun of us and we’ll just laugh
along because we know that none of them have felt this way. Delilah I
can promise you that by the time we get through the world will never
ever be the same and you’re to blame. Hey there Delilah you be good, and
don’t you miss me. Two more years and you’ll be done with school and
I’ll be making history like I do. You know it’s all because of you, we
can do whatever we want to, hey there Delilah here’s to you, this one is
for you. Oh, it’s what you do to me, oh, it’s what you do to me.
Yo: -aplaudí cuando acabó esa hermosa canción- Cantas genial Kendall,
pensé que solo tocabas guitarra pero también cantas –le sonreí y él me
respondió con una tímida sonrisa al suelo- ¿No crees que podrías llegar
lejos con esto?
Kendall: No lo sé, no creo ser tan bueno. Es muy
difícil llegar a mucho con una carrera de músico. Tienes que ser muy
talentoso para poder ganarte la vida con ello –hice una mueca con la
boca- ¿Tú sabes tocar?
Yo: Algo –dije haciendo una expresión con
las manos para que me pasara su guitarra- Soy bastante mala, te advierto
–reímos un poco mientras ponía los dedos en las cuerdas de la guitarra;
toqué los primeros acordes de la canción She will be loved- Es lo único
que sé, me lo enseñó Logan –dije las últimas palabras con la voz
apagada-.
-Flashback-
Podía pasar horas, horas y horas
observándolo tocar la guitarra. Observaba detenidamente sus dedos
pálidos de una de sus manos presionando las cuerdas y los de la otra
rasgando las cuerdas. También cantaba. Escuchaba su mágica voz resonar
en mis oídos mientras tocaba la guitarra al mismo tiempo. Yo me
recostaba en su cama boca abajo sosteniendo mi cabeza con ambas manos y
lo observaba cantar y tocar guitarra, sentando en su pequeño banco color
verde de su habitación. Era una de las cosas que me gustaba más de él:
cómo cantaba y cómo tocaba ese hermoso instrumento. Así fue como me di
cuenta de que me había enamorado de él: sentía que no existía una voz
tan perfecta como la suya, que no existía un ser tan hermoso como él.
Observarlo sentando en su pequeño banco verde, debajo de su ventana por
donde entraba la luz del sol de aquella tarde de invierno. La luz era
tenue, pero hacía resplandecer su blanca tez. Lo amaba, no tenía dudas
de eso.
-Fin del Flashback-.
Capítulo 11- No te odio

Kendall: ¿Ash? No
llores por favor –cuando volví a la tierra descubrí que Kendall se
hallaba a mi lado, agachado y con una expresión muy preocupada en su
rostro-.
Yo: -sacudí levemente la cabeza y llevé una de mis manos a
mi cara para secar las lágrimas que se me habían escapado; ni siquiera
las había notado- Estoy bien –dije dejando a un lado la guitarra-.
Kendall: Creo que te traje recuerdos que no debía… lo siento –dijo acariciando mi brazo-.
Yo: No fue tu culpa. Soy yo quien lo trae a las conversaciones
–suspiré- Y lo peor de todo es que no sé porque lo hago –sentía inmensas
ganas de llorar-.
Kendall: Puedes hablarme de eso si quieres.
Yo: Lo amo Kendall –ya las lágrimas salían descontroladas de mis ojos-
Ese es mi problema. Lo amo muchísimo y no puedo olvidarlo. Siento que
todo me recuerda a él, como si el destino lo hiciera apropósito.
Kendall: Créeme que te entiendo –dijo sonriendo inocentemente- ¿Y sabes
qué creo? Creo que lo que no te deja olvidarlo es que aún haya cabos
sueltos en esta relación.
Yo: ¿A qué te refieres? –dije frunciendo levemente el ceño-.
Kendall: Bueno, tú no sabes porque no te dijo la verdad, ¿cierto?
–asentí- No tienes seguras las cosas, de cómo fue que todo acabó, de qué
fue lo que sucedió –volví a asentir- Y tal vez lo que debas hacer sea
volver a hablarle para atar esos cabos y que todo quede cerrado.
Yo: -sequé mis lágrimas- Creo… que tienes razón. Pero no creo tener el valor para volver a hablarle.
Kendall: Si en serio quieres terminar con esto podrás hacerlo –suspiré
mientras levemente asentía; él acarició mi cabello mientras se paraba de
su anterior posición agachada- No me gusta verte así, aunque tú me
odies.
Yo: -fruncí el ceño- ¿Qué yo te odio?
Kendall: Sí, me
odias. ¿Qué no recuerdas aquel día que fui a saludarte y me corriste la
cara? ¿Y todos los días que me has evitado?
Yo: -bajé la cabeza- Eso no significa que te odie –alzó una ceja, divertido- Y eres tú el que me odia.
Kendall: -puso los ojos como platos y rió- He intentado poder ser tu
amigo más de una vez, pero creo que no salió del todo bien –rió por lo
bajo-.
Yo: Bueno –rodé los ojos- Tengo que aceptar que nunca fuiste
la persona que mejor me ha caído –él hizo un exagerado gesto con las
manos intentando decir: te lo dije- Pero creo que fue porque nunca te
llegué a conocer bien. Mira lo mucho que me estás ayudando con mis
problemas –sonrió de lado- Además, con nuestras situaciones creo que nos
parecemos más de lo que pensaba.
Kendall: Tienes razón –dijo sin borrar esa sonrisa- Somos bastante parecidos en ese aspecto. Podemos compartir penas –reí-.
Yo: Las penas se acabarán –hice una pausa- O eso deseo.
Kendall: Dicen que lo bueno se hace esperar –se sentó en su antiguo lugar con un suspiro-.
Yo: Espero que no se haga esperar demasiado –hice una pequeña mueca con
la boca; me estremecí al imaginarme todos los días por el resto de mi
vida llorando por el mismo hombre-.
Kendall: Yo estoy seguro que
enloqueceré si sigo viendo a Cecily siendo feliz sin mí y yo no puedo
ser feliz –sentí que lo comprendía completamente, pero cuando iba a
decirle algo más el timbre resonó por toda la casa- Ya regreso.
Yo:
Aquí te espero –dije intentando sonreír; cuando él se alejó para poder
abrir la puerta borré mi patético intento de sonrisa, sustituyéndolo por
uno serio y triste-.
Me quedé pensando en la opción de volver a
hablarle a Logan… estaba segura de que no podría soportar que él me
rechazara o me dijera algo insultante. Sabía que no resistiría eso y que
me derrumbaría frente a él, ahogándome en mis propias lágrimas. Suspiré
mientras pensaba en que la única oportunidad que me quedaba era
hablarle, que no me quedaba de otra. Me había dado cuenta que con el
paso de los días él ni siquiera me había mirado, ni un mensaje, nada. Si
de verdad se hubiese interesado por arreglar algo o por saber porque yo
me había alejado de él se hubiese acercado a mí para intentar al menos
hablarme o aclarar las cosas. Darme cuenta de eso me hizo sentir una
fuerte punzada de dolor en el medio de pecho. En ese momento, la puerta
de la habitación de Kendall se abrió y tras ella apareció Kendall y
James.
James: Hola Ash –dijo sonriente-.
Yo: Hola Jamesy –dije intentando mostrarme fuerte y alegre frente a mi amigo-.
James: ¿Interrumpí algo?
Kendall: Vino a ayudarme con literatura.
James: Oh genial, porque no me vendría nada mal algo de ayuda –me sonrió-.
Yo: Por mí encantada, pero se me hace algo tarde y tengo que volver a casa. Para otro día te prometo ayudarte.
Kendall: Mira que puedes quedarte, no te preocupes por él. Hacemos una
juntada en mi casa todos los viernes a ver películas y eso.
James: No nos molesta en absoluto que te quedes.
Yo: Gracias chicos, pero en serio tengo que volver. Será en otra
ocasión –sonreí levemente una vez más y me despedí de James para que
luego Kendall me acompañara a la puerta de su casa-.
Kendall: ¿Cómo te encuentras? –me preguntó ya en el umbral de la puerta-.
Yo: Si quieres que te mienta… estoy bien –le dije suspirando temblorosamente-.
Kendall: Sabes que si necesitas compañía aún puedes quedarte Ash –se recostó contra el marco de la puerta-.
Yo: En serio te lo agradezco, pero quiero estar sola –dije ya rompiendo en llanto-.
Kendall: -se me acercó y me abrazó fuerte- Todo estará bien –me soltó y nos saludamos con un beso en la mejilla-.
Yo: Eso quiero creer siempre –volví a secar mis lágrimas-.
Kendall: Yo sé que mejorarán. ¿Quieres que te acompañe a casa?
Yo: No, quédate con James, ya es tarde. Gracias por todo.
Kendall: Gracias a ti por la ayuda y compañía –me guiñó un ojo y sonrió dulcemente-.
Yo: -sonreí un poco- Por nada- me di la media vuelta, para así
dirigirme a mi casa, ya dejando las lágrimas fluir libremente por mis
mejillas-.
A medida que caminaba por las oscuras calles de Minnesota en aquel
frío viernes, fui intentando calmarme para no armar revuelos en mi casa.
No quería que se enteraran de nada de lo que estaba pasando. En
realidad mis padres ni siquiera sabían que Logan y yo habíamos
terminado. Los padres normales de seguro les preguntarían a sus hijas
como van las cosas o se interesarían un poco
por la relación aunque generalmente llega a ser molesto. Pero para mí
era doloroso sentir que a mis padres ni siquiera les importaba lo que me
pasaba, que les daba completamente lo mismo si Logan y yo seguíamos,
terminábamos o cualquier otra cosa. Solo se enfocaban en sus problemas, y
el resto no era su asunto.
Esto no había sido siempre así:
tenía que aceptar que durante mi infancia y la de Carlos ellos habían
sido muy buenos padres. Los dos crecimos en un ambiente muy familiar;
nos enseñaron a Carlos y a mí a ser muy unidos como hermanos y a
apoyarnos en todo. A mis primeros bailes siempre fui con él, nos
llevábamos excelente. Con el tiempo la relación entre nuestros padres
cambió: ellos comenzaron a llevarse terrible hasta el día de hoy. Eso
fue cambiando el ambiente en la casa, convirtiéndolo en uno no muy
agradable. Carlos y yo nos íbamos cada vez que podíamos, pero casi nunca
juntos. Al ir creciendo también nos fuimos independizando y
separándonos un poco más. Cuando quería huir de mi casa me quedaba en
casa de Lucy. Hasta que Logan llegó a mi vida. Siendo amigos él me
ofrecía su casa para quedarme allí. Luego nos pusimos de novios y muchas
noches las pasaba con él en su casa. A Logan no le gustaba que viera o
escuchara las discusiones de mis padres, por lo que quería mantenerme
alejada de ello. Me sentía mucho mejor estando en sus brazos; sentía que
me podía proteger de todos mis problemas. Pero eso ya no era así. Ya no
tenía a Logan para protegerme.
Respiré hondo ya estando en la
puerta de mi casa y toqué mis mejillas para cerciorarme de que no
hubiera ningún rastro de llanto en mi rostro. Cuando estuve segura
entré. Descubrí la casa en silencio. Tan solo se escuchaba el murmullo
de la televisión encendida: mi padre estaba sentado en el sofá, mirando
la televisión.
Yo: Hola –le dije-.
Ben: Hola –ni siquiera giró su cabeza hacia mí, tan solo siguió mirando ese programa-.
Yo: -luego de soltar un suspiro me dirigí a la cocina, en donde se hallaba mi madre preparando algo de comida- Hola mamá.
Kira: -se dio la vuelta y me saludó con un beso en la mejilla- Hola Ash –tocó mi mejilla- Estás helada.
Yo: Está frío afuera.
Kira: Toma un baño caliente, no quiero que te enfermes –dijo ofreciéndome una sonrisa cansada-.
Asentí lentamente y me dirigí a tomar una ducha. Mi madre en parte
seguía siendo como antes: intentaba cuidarme siempre que le era posible.
Mi padre se había vuelto mucho más duro que ella con el tiempo y con
todas las cosas que sucedían últimamente. Entré a mi habitación, tomé
algo de ropa y me encerré en el baño para poder tomar una ducha tibia.
Me quité la ropa fría para entrar a bañarme con el agua templada que
relajaba mi cuerpo. Una vez bañada, envolví mi cuerpo en una toalla
color azul y me sequé para luego colocarme las prendas cómodas y simples
que vestirían mi cuerpo. Ya lista, bajé a la sala para cenar. Me senté
junto a mis padres y mi hermano y como ya era costumbre un silencio
sepulcral reinaba entre nosotros. Lo único que no dejaba de hablar y
emitir sonidos era la televisión.
Emití un pequeño suspiro,
sintiendo que nunca volvería a tener una cena como antes. Extrañaba las
animadas charlas entre nosotros cuatro mientras cenábamos y todos esos
pequeños detalles que habían hecho de mi infancia muy feliz. A veces
deseaba que mis padres se divorciaran… Me encantaban las familias
unidas, pero prefería mil veces que estuvieran divorciados a tener que
escuchar sus discusiones por el resto de mi vida y que nuestras
reuniones estuvieran siempre llenas de tensión. Obviamente, me
encantaría que ellos volvieran a ser los de antes, pero parecía casi
imposible a esas alturas. No sabía por cuánto tiempo había estado ida de
la mesa, sumida en mis pensamientos, porque cuando quise volver un mar
de gritos inundaba la sala. Sacudí la cabeza y pude descubrir a mi madre
y a mi padre discutiendo a los gritos. Ya ni sabía porque razón
discutían, ni siquiera registraba palabras o frases claras en aquella
discusión. Hasta que Carlos golpeó la mesa con un puño y se levantó de
su silla bruscamente.
Carlos: ¡¿Qué no pueden controlarse por un
maldito día?! ¡¡Quería cenar con ustedes un viernes, uno solo!!
¡¡Siempre salgo para no tener que escucharlos a ustedes y no se pueden
resistir un solo día!! –gritó y se retiró furioso de la sala-.
Nadie emitió un solo sonido. Solo la televisión encendida cortaba el
silencio tensionado e intenso. Y seguido eso se escuchó un fuerte
portazo que logró sobresaltar a mi madre: Carlos encerrándose en su
habitación. Respiré hondo, sin querer mirar a la cara a mis padres. No
sabía que decirles, nunca hubiese tenido el valor para gritarles en la
cara lo que les dijo mi hermano. Dejé los cubiertos sobre la mesa,
tragué saliva y sin decir nada me levanté despacio de mi silla, para
seguir el camino de mi hermano hacia el piso de arriba. Caminé hasta la
habitación de Carlos. Ya parada en la puerta, levanté mi puño para
golpearla un par de veces, pero antes de hacerlo me detuve. No sabía si
era una excelente idea. Bajé la mano y suspiré un par de veces hasta que
me decidí a dar un par de golpecitos en su puerta. Nada. No hubo
respuesta alguna.
Yo: ¿Carlos? Soy Ashley –le dije en un tono algo
alto para que me pudiera escuchar; pero al otro lado no se oyó ninguna
voz- Vamos, ábreme –al no conseguir respuesta, coloqué la mano sobre el
pestillo metálico y lo empujé para darme paso a la habitación de mi
hermano: él siempre había sido ordenado y limpio, pero aquella noche
tenía unas cosas tiradas por el piso que de seguro él con su enojo había
pateado al entrar a su habitación luego del show pasado minutos atrás-.
Carlos: ¿Qué es lo que quieres? –dijo sin despegar su trasero de su
cama, quedándose sentado en donde estaba con ambas manos cubriendo su
rostro con rabia-.
Yo: ¿Cómo me preguntas eso? –le dije mientras me agachaba enfrente de él- Quiero que estés bien.
Carlos: ¡¿Bien?! –gritó sobresaltándome- ¡¿Quieres que esté bien con
este ambiente de mierda?! –se paró se la cama, casi haciéndome caer y
comenzó a caminar impaciente por su cuarto- ¡¡No puede ser que estén
peleándose todo el día!!
Yo: A mí también me hace mal Carlos, pero tenemos que apoyarnos entre nosotros para…
Carlos: -me interrumpió soltando una seca carcajada- Ashley, ya no
tenemos cinco años, las cosas no son como antes –lo que dijo me hizo
sentir un inmenso dolor- No entiendo como no te hartas de escuchar a ese
par de idiotas gritarse todo el día. Y tampoco entiendo cómo crees que
la vida sigue siendo igual que cuando éramos pequeños –se acercó a la
puerta de su habitación, pero antes de salir se volteó hacia mí- Madura
de una vez, ¿quieres?
—
Capítulo 13- Batallas personales

Se fue de la habitación, dejándome sola sentada
en el piso. Con la mirada perdida escuché el portazo que dio cuando se
fue de la casa. Siempre que se sentía mal se iba a caminar. Tragué
saliva, siendo consciente de las hirientes palabras que me había dicho
Carlos, que aunque las hubiese dicho en un momento de enojo me hicieron
doler muchísimo. Me forcé a no llorar y
tan solo salí de su cuarto para dirigirme al mío, donde al encontrar mi
cama me acosté y permanecí allí, escuchando el puro silencio que reinaba
en la casa. Solo escuché los pasos de mis padres al subir las escaleras
al piso de arriba y algunas puertas cerrarse y abrirse. Apreté los
párpados, pensando en que sentía que nadie me comprendía, sintiéndome
muy sola. Suspiré, ya soltando un par de lágrimas.
Entonces,
escuché la puerta de entrada abrirse, luego unos pasos subiendo la
escalera y por último la puerta de mi habitación que se abría. No dije
nada, ni siquiera me levanté a mirar quién había entrado. Una figura
masculina se agachó al lado de mi cabeza y me acarició suavemente el
cabello. Suspiró.
Carlos: Lo siento –dijo y agachó la cabeza- No
quise decir lo que te dije –yo me limitaba a observarlo, sin decir
absolutamente nada- Sabes que no es cierto, nada de lo que dije. Es que…
no soporto que nuestros padres se peleen todo el tiempo y eso me
tensiona mucho. Digo cosas que no quiero y… sabes que en realidad
extraño ser tan unidos como antes –asentí levemente- Te amo hermanita.
Yo: Te amo –se abalanzó delicadamente sobre mí y me abrazó fuerte,
estrujándome entre sus fuertes brazos como si me fuera a ir y no
regresar jamás-.
Carlos: ¿Me perdonas? –asentí- No quise decirte esas cosas, de verdad.
Yo: Está bien, ya no te preocupes.
Besó dulcemente mi frente, luego de pronunciar la palabra:
“descansa” en tono paternal y se retiró de mi cuarto, cerrando la puerta
tras él para volver a dejar que la oscuridad me consumiera. Sabía que
las disculpas de mi hermano eran sinceras, pero muchas veces deseaba
gritarle en la cara que las heridas que le provocaba a mi corazón eran
imborrables, porque una vez dichas las palabras no pueden borrarse
jamás. Recordaba las numerosas veces que Carlos se molestaba conmigo y
me decía cosas feas… y esas veces que Logan me defendía de él. Ese era
uno de los momentos en que más necesitaba el apoyo de una persona que me
comprendiera. Y esa persona era únicamente Logan.
Pasó
una semana completa. En ella, me debatía entre hablarle a Logan o no
hacerlo. Evalué más de una vez mis ventajas y desventajas: por ventajas
tenía que podía intentar solucionar algo con él y mostrarle que yo aún
lo amaba. Por desventajas tenía que pensaría que era débil y frágil;
además corría en gran riesgo de ser rechazada o ignorada por él y estaba
cien por ciento segura de que no podría resistirlo. Pero por sobre
todas las cosas sabía que él no se acercaría a arreglar nada y que me
torturaría por el resto de mi vida el verlo y entender porque me había
mentido. No me sentía completamente de segura de aquello, así que
finalmente, luego de millones de batallas personales, me decidí a
hablarle el lunes siguiente, estando en el mismo viernes de los 16 de
Cecily.
No tenía unas ganas demasiado grandes de tener una
fiesta, y menos sabiendo que Logan iría. Cecily había tenido que
invitarlo, ya que era uno de los mejores amigos de su hermano mayor y no
le quedaba de otra. De una cosa estaba segura: tenía que intentar
controlarme para no controlarlo a él toda la noche. Tenía que mantenerme
distraída, ya fuera bailar o cualquier otra cosa. Me había estado
mentalizando con lo mismo la semana completa. Ya en la noche me dispuse a
prepararme para la fiesta: me duché y vestí mi cuerpo con un vestido
ajustado y sin tiras color verde oscuro con algunos detalles en negro,
combinándolo con zapatos de taco negros. Sequé mi cabello y lo dejé
suelto, llegando así hasta mi cintura. Me maquillé, me apliqué perfume
con aroma a rosas y preparé mi pequeño bolso. Cuando estuve lista me
miré una vez más al espejo, soltando un suspiro: no me convencía mucho
la manera en la que me veía. No sabía qué era lo que no me acababa por
convencer y realmente gustar, pero me sentía extraña con la forma en la
que estaba vestida o maquillada. O ambas.
Carlos: ¿Ya estás lista Ashley? –me gritó mi hermano al otro lado de la puerta cerrada-.
Yo: ¡Ya voy! –dije en su mismo tono; tomé un pequeño abrigo negro y salí-.
Carlos: -me sonrió al verme- Te ves muy linda.
Yo: Gracias –le dije intentando sonreír, aunque yo no creyera lo mismo-.
Carlos me llevó hasta el lugar en donde la fiesta sería realizada.
Él no estaba invitado pues no se llevaba demasiado bien con el hermano
de Cecily, así que solo me llevaría hasta mi destino. Al llegar me
encontré con mis amigos y luego con la cumpleañera, que se encontraba
conversando cerca de la mesa de regalos. Lucía un vestido corto pero muy
llamativo, con varias capas de tul en la falda y de color rosa pálido.
Me sonrió al verme, nos saludamos y le entregué su obsequio, para luego
volver junto con mis amigos. Miraba todo a mi alrededor y estaba tan
sumida en mis pensamientos que ni siquiera había oído que Lucy me
hablaba.
Lucy: ¿Me estás escuchando Ash? –me cuestionó con un dejo de molestia en su voz-.
Yo: Amm, no lo sé –le dije intentando sonar divertida aunque me costara un poco-.
Lucy: -resopló- ¿Ya encontraste a Logan con la vista?
Yo: No sé de que hablas. Ni siquiera sabía que vendría –me hice la desentendida-.
Lucy: No me mientas, que sabes mejor que nadie que está aquí. Y si no
lo viste aún fue porque lo vi ir hacia el baño recién –suspiró- ¿Puedes
dejarlo quieto y distraerte por una sola noche? ¡No dependes de él para
estar feliz!
Yo: -me molestaba que actuara así, en vez de intentar
comprenderme- Ya sé –sustituí el montón de palabras que quería decir por
esas dos simples palabritas- Ya te dije que no le estaba buscando,
además.
Lucy: Ya, no lo discutiré más –la música comenzó a llenar y
como de forma automática la pista se llenó de chicos que era iluminados
por las diferentes luces de colores de los reflectores- Vayamos a bailar
–dijo mientras se levantaba de su lugar con una sonrisa enorme dibujada
en su rostro-.
Yo: Vayamos –dije también levantándome-.
Nos
dirigimos juntas a la pista de baile y nos juntamos con nuestras amigas.
Me puse a bailar con las intenciones de distraer por lo menos
momentáneamente mi cabeza de Logan. Tenía que hacerle caso a mi mejor
amiga: sabía que podía ser feliz sin él, sabía que podía pasarla bien.
Si me mentalizaba en ese sentido tal vez podría distraerme por completo.
Y entonces apareció, con la finalidad de arruinar por completo todos
mis planes. Lo vi cerca de la pista de baile, junto con algunos de sus
amigos. Sonreía mientras cada vez se internaba más en la pista, en donde
comenzó a bailar tan sexy como siempre lo hacía, luciendo una camisa a
cuadros celeste y azul y un pantalón color negro. Las luces de los
reflectores lo hacían lucir aún mejor y yo sentía que mi mundo se
derrumbaba por completo. Lo miraba de reojo mientras a los ojos de Lucy
intentaba mostrarme despreocupada y feliz. Entonces, lo vi hablar con
sus amigos y se acercaron a la barra de bebidas. Y después desapareció.
Lo había perdido de vista. Trataba de buscarlo disimuladamente, pero no
se me hacía muy simple. Y entonces sentí que alguien tocaba mi hombro...
Capítulo 14- ¿Bailas?

________:
-sentí un estremecimiento recorrer mi cuerpo, pensando que era quién
quería ver, pero al voltear me encontré con alguien más- Hola Ash –me
saludó mi rubio amigo con un beso en la mejilla-.
Yo: Hola Kendall –le sonreí un poco, sintiéndome algo decepcionada-.
Kendall: ¿Te gustaría bailar conmigo? –me ofreció una hermosa sonrisa y extendió su mano hacia mí-.
Yo: Claro –dije algo confundida: no esperaba esa propuesta de su parte-.
Tomé su mano y me llevó un poco más lejos de mis amigas. Mientras
bailábamos yo me seguía sintiendo distraída al haber perdido de vista a
Logan. Pero entre vueltas y vueltas, pasos de baile y esas cosas me
concentré más en lo que estaba haciendo. Yo era buena para bailar y
podía bailar relativamente bien al mismo tiempo que hablaba o hacía
alguna cosa de ese estilo.
Kendall: Wow, que bien bailas –dijo
dándome una vuelta en mi lugar para luego volver a tomarme ambas manos,
entrelazando nuestros dedos para seguir bailando-.
Yo: Tú bailas muy bien también –le dije sonriéndole-.
Kendall: Pero yo no cuento, aquí la profesional eres tú –soltó una de
mis manos para enredarme con mis propios brazos y luego desenrollarme,
como si fuera un trompo-.
Yo: -reí- No soy profesional aunque espero poder serlo algún día –rió-.
Ambos continuamos bailando por un rato más, dando vueltas y
enseñándonos sonrisas. Él bailaba realmente bien y se me hacía muy
divertido que bailáramos juntos.
Yo: Nunca creí que bailaría contigo –él sonrió aún más-.
Kendall: La verdad es que yo tampoco, pero la vida da muchas vueltas –dijo mientras yo le daba un par de vueltas en su lugar-.
Yo: ¿No le pediste a Cecily para bailar?
Kendall: -tardó casi un minuto completo en contestarme- Sí. Bailamos un
poco, pero… sé que ella nunca sentirá lo mismo por mí así que… creo que
me rendiré.
Yo: -lo miré a los ojos, deteniendo un poco el baile- Es tu decisión y tal vez sea lo mejor para ti.
Kendall: -suspiró- Tal vez.
Yo: Ya, no te deprimas –sonreí- Sigamos bailando.
Me sonrió una vez más y seguimos bailando. Dando vueltas y
conversando un poco pasaron unas cuantas canciones que parecían durar un
segundo cada una de ellas. El tiempo pasaba súper rápido, y pasados
unos cuantos minutos me di cuenta de que ya no estaba buscando a Logan:
había logrado mantener mi cabeza ocupada por lo menos una pequeña
porción de la noche. Cuando volví a ser consciente de la realidad me di
cuenta de que estaba algo cansada y de que ambos ya estábamos
transpirados.
Kendall: ¿Quieres ir por algo de beber? –preguntó como si leyera mi mente-.
Yo: Ya esperaba a que lo dijeras, tengo demasiado calor –rió por lo
bajo y ambos nos apartamos de la pista de baile para ir por algo
refrescante para tomar-.
Nos servimos vasos con refresco, y
mirando distraídamente hacia la pista de baile me encontré con Lucy y
James bailando muy apretados. Reí un poco y golpeé un poco a Kendall en
el brazo con mi codo para llamar su atención.
Kendall: Oye, no tienes que golpearme –masajeó la zona golpeada- Con un simple “Kendall” podías llamarme.
Yo: No marranees y mira hacia la pista de baile –dije apuntando
disimuladamente con la barbilla hacia la parejita que captó mi atención
momentos atrás-.
Kendall: Wow, parece que nuestros amigos no
perdieron el tiempo –sonrió mirando hacia otro lado cuando descubrió los
ojos de James sobre nosotros; ambos nos hicimos los distraídos y él tan
solo rodó los ojos y siguió con lo suyo que de seguro lo tenía muy
ocupado-.
Yo: Dejemos que sigan disfrutando su baile –reí un poco
junto con el rubio, mientras seguía observando la pista de baile, hasta
que la imagen de mi ex novio con otra chica me atrapó-.
Una ola
de angustia con enojo me llenó por completo. La chica conversaba con él
de lo más animado y Logan le respondía sonriendo. Desde lejos se le
notaba que tenía más de un trago encima. No estaba borracho, pero aún
así estaba cerca. Ya lo había visto en uno de esos estados. La chica
cada vez se le acercaba más, con intenciones de besarlo, y yo no podía
comprobarlo. Giré la cabeza, sintiendo inmensas ganas de llorar.
Kendall: Ashley –suspiró- ¿No quieres hablar con él?
Yo: No sé de que hablas –dije haciéndome la desentendida mientras centraba mis ojos en mi vaso lleno por la mitad-.
Kendall: No me engañas –dijo haciendo que levantara la cabeza colocando su mano bajo en mi barbilla-.
Yo: -respiré temblorosamente- Quiero hacerlo. Y lo haré. Pero no ahora…
se nota que está ocupado –dije ya sintiendo mis ojos llenarse de
lágrimas-.
Kendall: Si lo dices por esa chica ella ya se fue
–levanté mi cabeza rápidamente reaccionando con sus palabras y así era:
él estaba solo, junto con un vaso lleno de una bebida alcohólica-.
Yo: No solo era por ella. Lo conozco bien, esta algo pasado de bebida y
se pone algo agresivo y pesado cuando en ese estado –lo observaba
preocupada, cuando él seguía bebiendo sin percatarse de nada más-.
Kendall: ¿Y cuando le hablarás?
Yo: Pensaba hacerlo este lunes, durante el almuerzo.
Kendall: Me parece muy bien que te decidas a hablarle, aclarará varias
cosas que te ayudarán a salir de esto –acarició mi brazo y me sonrió de
lado-.
Acaricié su mano y también le sonreí. Luego volví mi
mirada hacia donde anteriormente se encontraba Logan, pero ya no lo vi
más. Me preocupaba que siguiera tomando en su estado. Él me preocupaba,
aunque no pudiera darse cuenta.
Capítulo 15- Lista

Estoy lista, estoy lista. Me repetía esas palabras una y otra vez
dentro de mi cabeza mientras respiraba hondo. Todo el fin de semana mi
cabeza se había dedicado a pensar en Logan y en las cosas que quería
decirle con respecto a nuestra anterior relación y todo lo que me estaba
sucediendo. Yo aún no tenía completamente claro qué era lo que había
pasado, por lo que iba mentalizada en aclarar mi cabeza para que las cosas fueran mejores.
Lucy: ¿No es lindo James? –decía con voz de enamorada mientras
observaba al castaño y alto James caminando por la sala de almuerzos
junto con Kendall-.
Yo: ¿Y ahora te gusta James? –le dije intentando
interesarme en lo que decía cuando en realidad estaba al pendiente de
Logan para que llegara el momento en el que estuviera solo-.
Lucy: No –dijo rápido y sonrojándose- No me gusta, ¿alguien dijo que me gusta?
Yo: -esta vez la miré divertida- Estás toda roja y a mí no me engañas, los vi bailando muy apretados el otro día.
Lucy: -el color rojo tomate de su rostro no se iba con nada- Y yo te vi
bailando con Kendall así que no hables mucho –esta vez me sonrió
pícara-.
Yo: No digas tonterías, Kendall es mi amigo –le dije frunciendo el ceño-.
Lucy: Y James es mi amigo también.
Yo: Un amigo con el que bailas apretado y al que le dices lindo –reí;
ella abrió la boca para hablar, pero lo que dijo ya no lo pude escuchar
pues vi ingresar a la sala de almuerzos al chico con el que quería
hablar-.
Seguí disimuladamente su recorrido con los ojos: estaba
rodeado por sus amigos, entre ellos, como siempre, Ashley. Algo no me
gustaba en ella, no conocía muy bien la razón. Cuando lo vi solo suspiré
y me levanté de mi lugar para ir hacia él. Junté todo mi valor y me
paré frente a él.
Yo: Logan –él alzó la cabeza y a juzgar por su expresión se sorprendió de que fuera yo quien le hablaba- ¿Podemos hablar?
Logan: Amm sí –tomó su mochila- ¿Qué pasa?
Yo: Ven –le dije haciéndole una pequeña seña con la mano para llevarlo a
una de las mesas vacías más apartadas del salón, donde no podrían
escucharnos; tomamos asiento- Logan, yo… -respiré hondo, me sentía muy
nerviosa- Quiero decirte que escuché lo que hablabas con Amber, cuando
le dijiste que ya no me querías –sentí que mi voz tembló al pronunciar
esas palabras- Y en serio me dolió muchísimo que no me lo dijeras –no
quería llorar frente a él, tenía que aguantarme-.
Logan: Ah. Bueno eso explica porque cortaste conmigo, ¿no? –dijo sonriendo un poco… ¿se lo tomaba como un chiste?-.
Yo: ¿Por qué me mentiste? Más de una vez te pregunté si estabas
distinto porque ya no me querías como antes… ¿por qué nunca me lo
dijiste?
Logan: Pues… no lo sé –dijo mirando el piso: no podía ser
más hermoso, me destruía- Creo que no quise que te pusieras mal ni nada.
Yo: Pero sabes que amar y creer que eres amado de vuelta cuando no lo
eres es una de las peores cosas que puedes hacerle a alguien –levantó un
poco los ojos y me miró… ese hombre me estaba matando; me consumían las
ganas de abrazarlo, besarlo y sentirlo mío otra vez- ¿No creíste que
merecía la verdad?
Logan: Sí, merecías la verdad –dijo encogiéndose de hombros, expresión que interpreté como que no le importaba demasiado-.
Yo: ¿Y por qué no me la dijiste? Sabías que te amaba y tú no lo hacías… ¿y por no hacerme doler mantuviste tu mentira?
Logan: No lo sé Ashley, tan solo lo hice y ya.
Yo: -sentía inmensas ganas de llorar; apreté los párpados- ¿Alguna vez me amaste como dijiste que me amabas?
Logan: -se mantuvo en silencio durante un par de segundos… segundos que
parecieron años- Te amé como te lo dije… por un tiempo. Luego no.
Yo: -ya una lágrima resbalaba por mi mejilla- ¿Y qué te hizo que dejaras de quererme?
Logan: Creo que… cambié, es todo.
Yo: ¿Hay algo que te hizo cambiar? –sequé mi lágrima-.
Logan: No lo sé –se encogió de hombros pesadamente, como si le
aburriera hablar de todo esto- Tal vez el ambiente, la madurez… no tengo
idea Ashley –se refregó un poco su ojo derecho con la mano, como hacía
siempre que se sentía irritado… que bien que lo conocía-.
Yo: Bueno yo –miré hacia abajo- sabes que no le guardo rencor a nadie y que… me gustaría que pudiéramos volver a ser amigos.
Logan: Ah, está bien.
Yo: Creo que somos lo suficientemente maduros para poder volver a entablar una relación amistosa, ¿no lo crees?
Logan: Claro, me da igual –dijo encogiéndose de hombros-.
Yo: ¿Te da igual? –dije con un hilo de voz-.
Logan: Sí, realmente me da lo mismo.
Yo: -me paré irritada y ya con mis lágrimas cubriendo mis mejillas-
¿Sabes? Si en serio te da lo mismo puedes olvidarte de que quise hablar
contigo, o de que alguna vez fui tu novia –me miraba con sus ojos
castaños, tan hermosos y profundos-.
Tuve que resistirme al
fuerte deseo de decirle lo mucho que lo amaba, y que deseaba que él
volviera a ser lo que una vez fue conmigo. Deseaba poder decirle que
nada me importaba. Pero también deseaba poder golpearlo hasta hartarme,
decirle que lo odiaba con toda mi alma por destruirme el corazón con sus
palabras. Y también deseaba huir, huir y no volver jamás a ver su
hermoso rostro.
Me alejé de ayer y corrí por los pasillos de la
secundaria hasta llegar al jardín delantero de la secundaria, donde
podría llorar tranquila sin que nadie me viera. Me llevé las manos a la
cara y lloré descontroladamente. ¿Por qué me hacía esas cosas? ¿Por qué
me destruía de esa manera? ¿No era capaz de comprender que con cada
palabra que decía le clavaba un cuchillo a mi corazón? Él estaba tan…
diferente, frío y seco. En sus ojos podía ver que no era el mismo Logan
del que me había enamorado: era solo el envase hermoso que me atrajo por
primera vez, pero lo que de verdad me cautivó se había ido, quién sabe a
donde.
Capítulo 16- Frágil

Estuve unos minutos allí, no podía quedarme demasiado tiempo afuera
porque debía entrar a clases. Sequé mis lágrimas y cargando mi mochila
sobre mi hombro entre al gigantesco edificio de la secundaria. Llevaba
la cabeza agachada mientras recorría los largos pasillos caminando
despacio. Había mucha gente a mi alrededor, pero nadie parecía
percatarse de mi estado. Eso era mejor:
nadie le iría con el cuento a Logan de aquello. No quería mostrarme
frágil frente a la persona que me había hecho trizas, aunque se me
hiciera difícil no romperme cuando lo recordaba. Caminaba sin
interrupciones, hasta llegar a la sala de almuerzos, repleta de chicos.
Me senté en la mesa con mis amigos, intentando no parecer deprimida pero
tampoco feliz. Mantuve mi semblante serio y no dije nada, tan solo
observaba la nada. Noté las miradas de mis amigos sobre mí, pero fingí
no percibirlo. No tenía ganas de hablar de nada, y mucho menos de aquel
tema.
Cecily: Y bien… -dijo aclarándose la garganta y todos se volvieron hacia ella- ¿De qué hablábamos chicos?
Camille: De que Lucy y James se fueron hace ya un rato y no han regresado.
Nathan: Es más que obvio que pasa algo entre ellos.
Yo: -quise incluirme en la conversación para que vieran que estaba
bien- En los 16 de Cecily los vi bailando muy juntos, pero Lucy aún no
me cuenta nada –solté en un tono de voz bastante apagado-.
Amy: Amm,
en ese caso… habrá que esperar a que la pareja quiera presentarse
oficialmente –sonrió un poco y los demás le siguieron su juego de la
pareja-.
Sonreí levemente ante los comentarios de todos los
chicos, y luego giré mi cabeza hacia donde se hallaba mi rubio amigo,
quien no había dejado de mirarme con preocupación desde que puse mi
trasero en aquel banco. Al encontrarse nuestras miradas él me hizo una
pequeña seña con la cabeza en dirección a la salida de aquel lugar;
respondí a eso con levantarme de mi lugar y alejarme de allí, con
Kendall detrás de mí. Salimos de allí y nos quedamos parados cerca de
las puertas azules de la sala de almuerzos.
Kendall: ¿Qué pasó Ash?
Yo: -tragué saliva- No es el mismo de siempre. Es tan… distinto
–respiré hondo- Y me dejó bien claro que le doy lo mismo o simplemente
no le importo –mis ojos se llenaron de lágrimas-.
Kendall: -se acercó a mí y me abrazó muy fuerte- Te escucho. Sé que quieres hablar de eso y soy todo oídos.
Yo: -permanecí en silencio por unos momentos- ¿Cómo adivinas todo?
Kendall: -soltó una risita- A mí me gusta que me escuchen cuando me
siento dolido y creo que a ti también. Yo puedo escucharte –me dijo
soltándome para poder mirarme a la cara-.
Yo: -le conté nuestro
diálogo completo- Está muy diferente, y ese cambio no me incluye. Yo ya
no le importo Kendall, y él es una de las personas más importantes de mi
vida –comencé a sollozar una vez más-.
Kendall: No me gusta verte
triste, ¿sabes? –dijo abrazándome una vez más- Y creo que él es parte de
tu tristeza. Hiciste bien en hablar con él y darte cuenta de la persona
que es ahora.
Yo: Un idiota y rompecorazones sin alma –dije
aferrándome a la camiseta de Kendall por su espalda- Ni siquiera fue
capaz de pedirme perdón por lo que me hizo.
Kendall: No puedes
esperar mucho de él. Como dijiste: es un idiota. Un idiota que no merece
que llores por él –me soltó y secó mis lágrimas con su pulgar-.
Yo: Ya no lloraré, estaré bien –dije respirando hondo, llenando mis pulmones de aire fresco; el timbre sonó-.
Kendall: Quitémonos de aquí –salimos de delante de las puertas justo
antes de que la manada de adolescentes que se encontraban en la sala de
almuerzos nos pasaran por encima- Vayamos a clases –dijo colocando una
mano sobre mi espalda mientras caminábamos en dirección a nuestra
próxima clase-.
Yo: ¿No has visto a Lucy y a James? -intentaba sacar
mi cabeza del tema Logan, pero lo sentía imposible por más que trataba
de sacar otros temas-.
Kendall: No, no los he visto en un bueno rato –rió por lo bajo- Dejémoslos, deben de estar ocupados.
Yo: Apuesto a que sí –forcé una sonrisita-.
Kendall: -antes de entrar a clases se posicionó frente a mí- ¿Te sientes un poco mejor?
Yo: Al menos… pasable por el momento –dije encogiéndome de hombros-.
Kendall: -suspiró- Estoy seguro de que todo será mejor Ash –me sonrió-
Entremos, ¿sí? –asentí y al ingresar al salón me senté en uno de los
bancos a esperar a Lucy; James ya estaba dentro del salón y Kendall se
sentó con él-.
Yo: -en ese momento entró muy rápido mi rubia amiga,
quién tenía su cabello un poco despeinado; se sentó a mi lado y respiró
hondo mientras el profesor de historia entraba a la clase- ¿Qué te pasó?
–hablé en voz baja para que el profesor no oyera-.
Lucy: Nada –dijo hablando en mi mismo tono de voz-.
Yo: Entonces si “ nada” significa “me besé con James”, me alegro de que haya pasado “nada” .
Lucy: -su cara adoptó un color rojo como el del tomate- Luego te digo Ashley.
Me giré para volver a mirar al frente, aunque en realidad mirara a
donde mirara mi cabeza seguiría pensando en Logan. Sus palabras que
tanto me lastimaron seguían girando en mi cabeza y clavándose en mi
corazón, haciendo que sangrara. No podía creer que realmente le diera lo
mismo que las cosas entre nosotros permanecieran como estaban o
estuvieran mejor. Lo odiaba, lo detestaba por hacerme sufrir tanto. Él
lo era todo, todo completamente. Con todas las cosas que me había dicho
pensé que él podía sentir lo mismo que yo, pero al parecer nunca le
importé lo suficiente como para luego de haber terminado que él se
interesara al menos en llevarnos bien. Pensé que le importaría que yo
estaba más que destrozada… pero estaba muy equivocada.
Profesor: -el timbre que indicaba la salida de clases me sobresaltó- Bien chicos, esos son los temas para la prueba final.
Yo: -guardé mis cosas sin entender a qué temas se había referido el
profesor- Pásame los temas luego, ¿sí? –le dije a Lucy en voz baja, para
que el profesor no pudiera oírme-.
Lucy: ¿Qué no prestaste atención
a la clase? –la miré seria y ella esperó a que todos se fueran de la
clase para hablar- Ash –suspiró- ¿Qué pasó?
Yo: Hablé con él y –mi
voz comenzó a temblar- me dio a entender que no le importo nada –solté
un par de lágrimas y enseguida mi mejor amiga me abrazó-.
Lucy:
Sabes que es un tarado –dijo acariciando mi cabello; me soltó y me miró
con una sonrisa- No tienes que dejarte hacer sufrir por un tarado como
él. Tú eres fuerte, más fuerte que él y lo que quiera hacerte –secó mis
lágrimas- Ahora quiero ver a la Ashley que conozco: fuerte, divertida,
alegre y que ama bailar ante cualquier problema.
Yo: -asentí- Ya no quiero estar mal, vayamos a clases.
—
Capítulo 17- Me alegro por ti

Profesora:
Bien chicos, tenemos que seguir con la coreografía que finalizará este
curso –dijo la profesora de baile mientras se acercaba al gran estéreo-.
Luego de nuestro calentamiento comenzó con los pasos para la
coreografía que teníamos que aprender. Yo quería centrar mi cabeza en
eso, concentrarme en lo que más me apasionaba y entregarme a eso, no
pensar más en Logan. Escuchaba a la
profesora y prestaba atención a sus indicaciones, hasta que volví mi
mirada desde la persona a la que miraba al espejo que reflejaba mi
figura y la de mis demás compañeros de baile. Me miré fijamente, notando
lo fea que me estaba viendo. No era la primera vez que lo notaba.
Disimuladamente miré a mi mejor amiga a través del espejo: era una chica
rubia, delgada y hermosa. En resumen: perfecta. Luego me miré a mí: yo
era normal, de cabello y ojos oscuros, y con un rostro demasiado… normal
como para ser considerado bonito. Si tenía que compararme con Lucy,
ella era mil veces más linda que yo. Bajé la mirada hacia el piso,
sintiéndome dolida.
Profesora: ¿Listos para poner los pasos a la
coreografía? –todos respondieron que sí; ella se acercó y la música
llenó mis oídos, distrayéndome un poco-.
Intentando rememorar
los pasos, comencé a ponerlos en práctica, pero mis ojos no se
despegaban del espejo, mirándome a mí y a mi mejor amiga. También
observé a las demás chicas de la clase, sintiendo que no encajaba en
aquel lugar. Todos aquellos pensamientos se mezclaban en mi cabeza y no
me dejaban concentrarme en los pasos de baile, por lo que estos no me
salían bien.
Profesora: Pena –dijo llamando mi atención- No te noto centrada en lo que estamos haciendo.
Yo: Lo siento, no volverá a pasar –solté las palabras rápidamente-.
Hizo una mueca con la boca como si mis palabras no la convencieran
por completo y continuó indicando los siguientes pasos de la
coreografía. Pude seguirlos relativamente bien, pero mis ojos seguían
clavados en las figuras de las demás chicas, lo cual me iba lastimando
por dentro. Sentía que ellas eran mucho más bonitas que yo. Y claro, ya
todo encajaba para mí: existían millones de chicas mil veces más lindas
que yo y Logan, siendo un ser tan hermoso y perfecto preferiría a una
chica más bonita que yo. Darme cuenta de esas cosas me daban ganas
echarme a llorar frente a toda la clase, pero sabía que no podía hacer
eso. La clase se dio por terminado unos minutos después, pero antes de
que pudiera irme la profesora me llamó aparte del resto de la clase.
Yo: ¿Sí profesora?
Profesora: ¿Te está pasando algo Ashley? –me miraba preocupada- Te noto
muy distraída durante las clases, tus pasos fallan, tropiezas más de
una vez con tus propios pies… y tú ya llevas un tiempo considerable
aquí, nunca tuviste ese tipo de errores.
Yo: No, estoy bien, no me pasa nada.
Profesora: ¿Segura?
Yo: Debe ser el estrés por las pruebas finales –mentí-.
Profesora: Ah, claro. No había pensado en eso –su tono de voz denotaba
desconfianza ante mis palabras- Pero intenta concentrarte un poco más en
la clase, se acerca nuestra performance final.
Yo: Lo sé profesora –asentí sintiéndome nerviosa-.
Profesora: Bien, puedes irte.
Lucy: -salí de aquel lugar junto con mi mejor amiga, mientras pensaba
en que ni siquiera me había dispuesto a preparar las pruebas finales de
la secundaria- Ashley, en serio, ¿qué es lo que te sucede? –suspiré-
¿Otra vez por el idiota de tu ex? –sentí una punzada de dolor en el
pecho- En serio Ash, tienes que olvidarte de él.
Yo: Dejemos de hablar de él Lucy. Cuéntame de ti y James.
Lucy: -al ver que no respondía la miré a la cara, para así descubrir
que su rostro había sido pintado de rojo- Pues… tu nos viste bailando
en la fiesta de Cecily –asentí- Y… puede ser que sí me guste.
Yo: Te lo dije amiga –esbocé una pequeña sonrisa-.
Lucy: Hoy además fue a buscarme a la sala de almuerzos y –hizo una
pequeña pausa- luego de hablar un rato nos besamos –agachó la cabeza,
sonriéndole al suelo-.
Yo: Lo sabía –dije y sonreí un poco-.
Lucy: Él es muy lindo y tierno –dijo esta vez sonriéndome a mí- Y tú
sabes que al ser tan guapo muchas chicas están detrás de él –asentí-
Pues, me dijo que tuvo muchas novias y esas cosas, pero que nunca
encontró a la chica ideal. ¡Y me dijo que esa podía ser yo!
-Flashback-.
Ver a esa hermosa chica rubia acercarse a Logan me ponía nerviosa.
Era obvio que se gustaban, por lo pronto ella tenía ciertas intenciones
con él que yo claramente podía ver.
Chica rubia: Logie, tu sabes que me gustas mucho –sonrió seductoramente-.
Logan: Ajá.
Chica rubia: Y pues… ¿quieres que seamos novios? Sabes que puedo darte
mucho –se acercó tanto a él que sus labios estaban a punto de rozarse-.
Logan: No –dijo y sonrió- Lo siento pero a mí me gusta Ashley, y estoy
seguro de que esa chica de cabello oscuro puede hacerme mucho más feliz
que tú –sonreí ampliamente mientras apretaba mis párpados: me elegía
antes que a esa barbie- ¿Piensas quedarte allí por mucho más tiempo? –me
sobresalté al oír se voz frente a mí; abrí mis ojos de golpe y los
descubrí sonriéndome a metros de distancia de mí-.
Yo: Amm, yo… -no sabía cómo responderle-.
Logan: ¿Estabas espiando? –alzó una ceja divertido; yo abrí la boca
para decir algo pero él habló antes de que yo pudiera hacerlo- Sabes que
no tienes que preocuparte por otras chicas, que yo te quiero a ti
–sonrió relamiéndose levemente los labios, como solía hacer; era una de
sus costumbres más sexys-.
-Fin del Flashback-.
Yo: -volviendo a reaccionar sacudí levemente la cabeza- Me alegro por ti, de verdad –por más que me costara sonreí-.
Al llegar a mi casa me dirigí a tomar una ducha y luego me tiré en
mi cama. Allí permanecí por un rato, sabiendo que debería estar
estudiando porque a la semana siguiente las pruebas comenzarían. Me
levante de la cama y saqué mis cuadernos y libros para comenzar con
algunos resúmenes de distintos temas. Tomé primero el cuaderno de
matemáticas, donde me puse a buscar uno de los temas. Y hojeando el
cuaderno, me encontré con que en el margen de una de las hojas estaba
escrito con marcador color rojo: Te amo Ashley. Y debajo las iniciales
LH. Una lágrima rodó por mi mejilla, cuando recordé aquel día.
-Flashback-
Yo: Ya, ayúdame a estudiar y deja de garabatear cosas.
Logan: No son simples garabatos –dijo aún muy concentrado en el dibujo
que hacía en su cuaderno con un marcador color rojo; cuando acabó le
echó una mirada y luego me lo enseñó- ¿Te gusta? –me sonrió de lado-.
Yo: -solté una risita- ¿Y eso qué es?
Logan: ¿Qué no se nota? Eres tú.
Yo: Wow, no sabía que era tan… así –dije mirando el dibujo de costado:
el retrato de mí era un cuerpo compuesto por palitos y mi cabello eran
dos largas líneas rectas; era el clásico dibujo de un niño pequeño-.
Logan: -rodó los ojos- Sé que no sirvo para dibujar –tomó su marcador
otra vez y le quitó a tapa- Pero sirvo para otras cosas –tomó mi
cuaderno de matemáticas y escribió en el margen de él; me lo pasó para
que lo leyera y mientras yo sonreía me robó un pequeño beso en los
labios-.
-Fin del Flashback-.
Una cosa era segura: el destino no quería dejarme en paz, si siquiera para mis obligaciones
Capítulo 18- Pedazo de hielo

Una
mañana desastrosa después de una noche igual o peor: girando y girando
en la cama sin poderme dormir. Entre llantos y pensamientos que me
taladraban la cabeza el sueño no llegó hasta las tres y media de la
mañana. Y a las siete ya tenía que estar levantada. Cada día estaba más
cansada debido a que el fin de cursos se acercaba. Aunque tenía más que
claro que no podía dejar todo ahora, que
tenía que prepararme para las pruebas finales. La noche anterior no
había podido concentrarme y s eme había hecho imposible estudiar o poder
hacer algo estando entre lágrimas. Sentía que me ahogaba a mí misma en
ellas.
Me levanté de la cama y traté de corregir mi cara con
maquillaje todo lo que fuese posible: no podía tener ese aspecto en la
secundaria. Aunque estaba maquillada sentía que mi aspecto era
espantoso. Até mi cabello en una coleta, notando que mi pelo lucía más
opaco de lo normal. Bajé a la cocina aunque no tuviera intenciones de
ver a mis padres que no hacían otra cosa que discutir y mi hermano que
permanecía tensionado siempre que estaban nuestros padres presentes. Par
mi suerte, solo estaba mi hermano.
Yo: ¿Y papá y mamá?
Carlos: Ben se fue. Kira está arriba –dijo sin quitar su mirada del sándwich que comía-.
Yo: ¿Puedes dejar de llamarlos por su nombre? Son tus padres –me
acerqué a la heladera para sacar algo de tomar: no tenía demasiada
hambre-.
Carlos: -guardó silencio- Vi la imagen de ti y Logan ayer en el salón de almuerzos.
Yo: -sentí un frío recorriéndome la espalda- No me cambies de tema
–dije aún de espaldas a mi hermano, mientras buscaba un vaso-.
Carlos: Tú no cambies el tema que puse –escuché como se levantaba de su lugar y se acercaba a mí- ¿Qué sucedió con él?
Yo: Pregúntaselo a él –aún no lo miraba-.
Carlos: No quiso decirme Ash –suspiró mientras se posicionaba a mi lado-.
Yo: -volteé a mirarlo- ¡Pregúntale como me trató! ¡Pregúntale si de
verdad le importó alguna de las palabras que le dije! ¡Pregúntale si yo
le importo o si alguna vez en su maldita vida le importé! –mis ojos se
inundaron de lágrimas; él permaneció callado- Traté de hablar con él
pero se volvió tan frío y duro como un pedazo de hielo.
Carlos: Ashley –suspiró- La gente cambia, es todo.
Yo: Desearía que ese infeliz nunca me hubiese metido en mi vida –me
alejé de la cocina tomando mi mochila para así aproximarme a la puerta
de la casa apretando la mandíbula para no soltar más lágrimas-.
Carlos: Pero bien que ese infeliz aún te trae loca.
Yo: -me frené frente a la puerta, siendo incapaz de dar un paso más- No me trae loca, no digas tonterías.
Carlos: Si en serio no lo hiciera no lo buscarían ni te pondrías de estar manera cuando te hablo de él, ¿no crees?
Abrí la puerta de la casa y abandoné su interior dando un portazo.
¿Cómo mi hermano podía hacerme eso? ¿Hacerme sentir más mal de lo que
ya estaba? Caminé hasta la secundaria, sin importarme (por primera vez
en mi vida) el frío que estaba haciendo. Estaba tan molesta y dolida que
al principio ni noté el frío que hacía aquella mañana. Froté mis brazos
un poco y noté como de a poco mi cuerpo empezó a tiritar.
_________: ¿Tiene frío señorita? –escuché una voz masculina a mis espaldas-
Yo: -volteé y me encontré con Kendall caminando hacia mí- Algo –hice una mueca- Olvidé mi abrigo en casa.
Kendall: -llegó hasta mí y me saludó con un beso en la mejilla- Hace
demasiado frío como para que estés sin nada de abrigo –se quitó un
suéter que tenía puesto y quedo con una camiseta de manga corta- Ten.
Yo: No, no. Tendrás frío tú y acabarás por enfermarte.
Kendall: Tengo otra campera dentro de mi mochila –dijo sacando una con un cierre-.
Yo: Está bien, gracias –le dije sonriéndole y me puse el buzo color
negro; me quedaba bastante grande, pero abrigaba bastante- ¿Siempre
vienes por aquí?
Kendall: Sí. ¿Y tú?
Yo: Me trae mi hermano en el coche, llegamos juntos siempre pero –suspiré- tuvimos una pelea y salí temprano y sola.
Kendall: ¿Fue muy feo?
Yo: Como sabes mi hermano y Logan son amigos –asintió- Y eso provoca que Carlos quiere que esté con Logan.
Kendall: Pero eso es algo que tú decides, no es decisión de tu hermano.
Yo: Ya lo sé, pero siempre me presiona queriéndome recordar que aún lo quiero para que me esfuerce en volver con él.
Kendall: -hicimos silencio por unos momentos, en los que ya divisaba la
secundaria a una cuadra de distancia- Tienes que hacer lo que creas que
es mejor para ti, lo que te hace bien y no lo que los demás quieren.
Yo: Creo que el problema está en que no sé que es mejor para mí: si olvidarlo o si intentar volver con él.
Kendall: Yo creo que la vida te irá mostrando el camino correcto
–ingresamos al edificio de la secundaria; él miró su reloj- Aún tenemos
como veinte minutos antes de entrar, ¿me acompañas a ir por un café?
–asentí-.
Nos acercamos a la sala de almuerzos, donde Kendall
se compró un café y yo un pequeño muffin con chispas de chocolate. Nos
sentamos enfrentados en una de las mesas, mientras ambos permanecíamos
callados. Yo me quedé pensativa en lo que me había dicho Kendall.
Yo: No creo poder… aguantar mucho tiempo sin saber cómo seguir. Me está costando… concentrarme en otras cosas.
Kendall: No puedes dejar que ese tema le saque el puesto a las cosas
más importantes. Yo creo que deberías encontrar algo que te haga…
canalizar el dolor –fruncí el ceño- Me refiero a que tiene que haber
alguna actividad que mantenga tu cabeza ocupada. ¿Tú no haces danza?
Yo: Antes el baile despejaba mi mente –suspiré- Ayer en la clase me costaba concentrarme para realizar los pasos.
Kendall: -examinó su café con los ojos y luego los pasó a mi rostro-
Deberías encontrar algún pasatiempo que entretenga tu cabeza –me encogí
de hombros y le di un mordisco a mi muffin
Capítulo 19- Pasatiempo

Ya en la última clase me dediqué a prestar atención al profesor,
como lo había intentado hacer con todas las demás. Tenía que poner más
de mí para concentrarme en las clases, especialmente en aquella:
matemáticas. Tal vez de esa manera podría adoptar al estudio como un
pasatiempo o algo que entretuviera mi cabeza, al mismo tiempo que
estudiaba y me preparaba para mis pruebas.
Pero al parecer mi plan no salía muy bien… matemáticas era una de las
materias para las que era realmente terrible. Me costaba entender,
sumándole también que mis ojos se concentraba en la ventana, porque al
mirar hacia afuera podía ver a Logan sentado junto con sus amigos en el
jardín de la secundaria. De seguro tenía la hora libre. Se veía tan
hermoso riendo, con su chaqueta negra puesta y un café en sus manos.
¿Cómo podía una cosa tan hermosa ser tan fría por dentro? ¿Cómo
pude enamorarme de él, que parecía ser tan cálido y tierno pero meses
después pasó a ser otra cosa? ¿Cómo la gente puede cambiar tan rápido?
Eso que lo hizo cambiar tenía que venir desde hacía mucho tiempo… tal
vez ni siquiera había conocido al verdadero Logan: el frío duro. Cuando
me quiso (cosa que quería suponer que fue verdad, no que siempre fue
una mentira) fue dulce, tierno, siempre atento. Me celaba, me cuidaba,
me amaba… para mí era el novio perfecto, que desde la primer mirada me
cautivó, y con dos palabras que compartimos me atrajo completamente.
-Flashback-.
Lucy: ¿Y? ¿Expectativas para este año? –me dijo sonriente-.
Yo: Concentrarme en el estudio, solo eso.
Lucy: -frunció el ceño- ¡Hablo de los chicos! De seguro entra uno lindo este año.
Yo: Ya tienes más de un chico lindo tras de ti Lulú, bien que podrías prestarle atención a uno de ellos, ¿no?
Lucy: Estamos hablando de ti, no de mí.
Yo: ¿En qué momento pasamos a hablar de mí? Pensé que hablábamos de expectativas para este año al principio.
Lucy: Ya no te hagas la graciosa Pena, este año entrará un chico lindo y
a ti te gustará –rodé los ojos y en ese momento entró la profesora de
biología y ambas dejamos de hablar-.
Yo: -pasó el resto de la clase y
al tocar el timbre ambas salimos al pequeño descanso- ¿Ves? No entró
ningún chico que me haya gustado.
Carlos: -en eso se acercó mi
hermano a nosotras, junto con un chico muy hermoso que jamás había
visto: cabello negro y peinado hacia arriba, ojos cafés, tez blanca, muy
buen cuerpo, un rostro hermoso y la camisa del uniforme un poco
abierta- Chicas, quiero presentarles a mi nuevo amigo Logan –el chico me
miró a los ojos y juré que sentí una pequeña conexión entre nosotros-
Logan, ella es mi hermana Ashley-me señaló a mí- y ella es Lucy, su
mejor amiga –señaló a la rubia a mi lado-.
Logan: Un placer chicas
–nos enseñó una sonrisa, una sonrisa que se podía describir como la más
linda que una vez había visto; luego nos saludó a ambas con un beso en
la mejilla-.
-Fin del Flashback-.
El timbre de salida de
clases me hizo casi volar de mi lugar. Respiré hondo y tomé mis cosas
para guardarlas en mi mochila: pensando en Logan no había prestado nada
de atención a la clase. Sentía que no podía hacer nada por culpa de él:
por culpa de él no podía estudiar, prestar atención en clases,
concentrarme en clase de baile, ¡nada! Todo el tiempo él estaba metido
en mi cabeza y sentía que me estaba volviendo loca. Salí del edificio de
la secundaria y me dirigí a mi casa caminando. No tenía ganas de ver a
mi hermano. Pero últimamente las cosas no salían bien para mí.
______: ¡Hey! ¿Por qué no me esperaste? –me gritó una voz masculina a mis espaldas-.
Yo: Perfectamente puedo caminar, para algo tengo dos piernas, Carlos –le respondí sin voltear a verlo-.
Carlos: -detuvo su auto en el borde de la acerca por donde caminaba yo- Vamos, sube Ash.
Yo: -resoplé- Bien –abrí la puerta de su coche y me subí a éste, sin siquiera mirar a mi hermano-.
Carlos: -encendió el auto y lo puso en marcha- Mira –suspiró- no quise
hacerte sentir mal, te lo digo en serio. Pero tu juro que te veía tan
feliz con Logan y… él es mi amigo…
Yo: ¡Él no me quiere, Carlos! ¡¿Cuál es la parte tan difícil de entender?!
Carlos: ¿Cómo sabes eso?
Yo: Porque lo oí de sus propios labios, se lo dijo a su mejor amiga y yo lo escuché.
Carlos: Tal vez… fue una confusión…
Yo: ¡¿Y crees que en serio me quiere que cuando me distancié de él sin
razón aparente ni siquiera me vino a buscar?! –él permaneció en
silencio- ¡Pensé que me vendría a buscar cuando me alejé de él, pero ni
siquiera se molestó en preguntarme porque lo hice!
Carlos: Es orgulloso y lo sabes.
Yo: ¡¿Esto es parte de una broma?! –lo miré con los ojos llenos de
lágrimas- ¡Sé que no me ama, traté de hablar con él y le daba lo mismo
arreglar algo conmigo! ¡Me estoy volviendo loca y tú solo me haces que
trate de herirme más y más pensando en él y como recuperarlo! –chillé;
en ese momento él frenó el coche y yo abrí la puerta para poder entrar a
mi casa lo más rápido posible-.
Carlos: Ashley, ¿quieres calmarte? –me dijo mientras se acercaba a mí-.
Entré a la casa y el primer lugar que se me ocurrió para encerrarme
fue el baño del piso de abajo: el lugar más próximo para poder cerrar
con tranca. Tranqué la puerta y me eché a llorar a lágrima suelta
sentada en el suelo. No aguantaba más, tenía que hallar una forma de
canalizar mi dolor o moriría. Lloré por un largo rato, en el que no se
me ocurría nada que pudiera calmarme. Me levanté de mi lugar y me
acerqué a la canilla, donde lavé mi cara. Me miré durante unos
instantes: podía jurar que mi cara se veía más chupada de lo normal, el
cabello más apagado y mis ojos hinchados de llorar. Mi aspecto era
horrendo. ¿Cómo podía querer que alguien me quisiera siendo así? Un par
de lágrimas nuevas recorrieron mis mejillas y giré la cabeza para no
verme más. Y entonces con la mirada encontré la maquinita de afeitar de
mi padre. La tomé y la observé por un rato, mientras me sentaba sobre la
tapa del inodoro. Recordé las palabras de Kendall: “Yo creo que
deberías encontrar algo que te haga… canalizar el dolor”. Saqué una de
las hojas de afeitar de la máquina, la observé por unos instantes y
luego la acerqué a la superficie de mi muñeca, donde inserté el filo de
ella.
Capítulo 20- Rojo

Me mordí levemente el labio, sintiendo un pequeño dolor cuando el
filo de la hoja de afeitar atravesó mi piel. La sangre de color rojo
oscuro comenzó a salir por gotas desde ese pequeño corte. Al principio
sentí un poco de dolor, pero luego me sentí… libre. Con el mismo objeto
hice otro corte un poco más profundo un poco más abajo del primero. Una
gota cayó sobre mi pantalón, así que me
levanté de mi lugar y me acerqué a la pileta del baño, donde dejé
gotear la roja sangre. Sentía dolor, sí, pero noté que como por cinco
minutos opacaba el dolor interno con el externo de los cortes. Me
sentía… bien. Cambié de mano el objeto cortante y realicé cortes en la
otra muñeca. Dejé caer sangre que con su color rojo contrastaba con el
blanco de la losa del baño. Luego de hacer unos cortes a ambos lados,
cuando creí que me sentía más liberada, dejé salir el agua abriendo el
grifo. La dejé correr por sobre mis cortes hasta que la sangre paró de
salir. Una vez que estuvieron bastante cerrados estiré las mangas de mi
blusa para cubrir los cortes, limpié las hojas de afeitar y quité toda
mancha o cosa que pudiera delatarme. Salí del baño y me encaminé hacia
mi cuarto.
Carlos: Ashley, por favor, ¿podemos hablar?
Yo: No quiero –le dije sin siquiera mirarlo y me metí en mi cuarto, cerrando la puerta con un portazo-.
Dejé mi mochila tirada en el piso y me senté en mi escritorio,
pensando en lo que acababa de hacer. Me remangué y dejé al descubierto
mis cortes: se veían rojos y bien marcados. Pero me había sentido bien
al hacerlo. El cortarme me había ayudado a sentirme mejor. Saqué mis
libros y cuadernos para poder estudiar un poco, pero apenas abrí mis
objetos de estudio se oyó la puerta de entrada abriéndose y junto con
ello muchos gritos: mamá y papá. Otra vez. Y Carlos se podría peor esta
vez. Respiré hondo mientras trataba de identificar palabras entre tanta
mezcla de griterío, pero era prácticamente imposible. Intenté centrarme
en mis estudios: comenzaban las pruebas más fáciles, en las cuales
dudaba mucho que me pudiera ir mal. Pero me preocupaban las demás
pruebas para las que no me sentía preparada. Fui recostando la cabeza
sobre mi brazo mientras leía mi libro para la prueba del día siguiente,
hasta quedarme profundamente dormida.
Me desperté de golpe al
darme cuenta de que estaba muriendo de frío. Mi incorporé en la silla
aún con los ojos entrecerrados y me desperecé sintiendo un intenso dolor
en la espalda: había dormido sentada, en una muy mala e incómoda
posición. Refregué mis ojos con ambas manos y luego busqué mi reloj para
así darme cuenta de que eran las 3 am. Había dormido desde la tardecita
hasta esa hora y no repasado mi estudio casi nada. Tomé un abrigo para
apagar mi frío y bajé a la cocina por un vaso de agua: no tenía nada de
hambre aunque no había cenado nada. Me preocupaba ir a una prueba
prácticamente sin estudiar por más de que fuese fácil. Los nervios me
estaban matando y eso me impedía poder volver a pensar en dormir un rato
más. Me senté una vez más frente a los libros e intenté estudiar un
poco. Por suerte logré concentrarme, pero el sueño hacía que mis
párpados cayeran y no me dejaran mantenerme muy despierta. Aún así, pasé
mucho rato estudiando las materias fáciles de las que tendría las
pruebas esos siguientes días; cuando se hicieron las 6 am traté de
dormir un poco pero apenas podría hacerlo por una hora.
7 am.
Me dispuse a prepararme para la secundaria. Me quité la ropa que tenía
puesta ya estando en el baño para tomar una ducha rápida, pero en ese
momento recordé mis cortes: estaban bien marcados, de un color rojo
bastante intenso. Tenía que cubrirlos con maquillaje además de llevar
camiseta de manga larga ya que yo solía remangarme cuando me ponía
nerviosa en las pruebas. Luego de la ducha. Me miré al espejo, notando
que mis ojeras seguían iguales y de que estaba algo pálida. Respiré
profundamente y desayuné algo para poder irme a la secundaria. No iría
en el coche con Carlos, de eso estaba segura. Luego de caminar hasta
allí, busqué a Kendall para devolverle su buzo.
Yo: Hola –dije con voz apagada-.
Kendall: -él volteó y me miró sonriente- Hola Ash, ¿lista para a prueba de literatura?
Yo: -de seguro no había notado el mal estado de mi cara al estar
cubiertas por maquillaje todas las marcas que podían delatar mi estado
de depresión, tristeza y estrés- Es una pregunta que yo debería hacerte a
ti –intenté sonreír-.
Kendall: Pues yo bien, aprendí de la mejor –me guiñó un ojo-.
Yo: Gracias por eso y –saqué su buzo de mi mochila- Ten, gracias.
Kendall: Por nada pero… hoy está haciendo calor –frunció el ceño- ¿Porqué traes un buzo puesto? ¿En serio no tienes calor?
Yo: -me puse un poco nerviosa: sí tenía calor, pero traía el buzo por
los cortes de las muñecas- Bueno, sabes que yo siempre tengo frío, hasta
en el día más caluroso –reí nerviosamente-.
Kendall: Claro, debí
imaginarlo –en ese momento sus ojos se distrajeron con un chica de
cabello castaño claro que pasó a nuestro lado; él la siguió con la
mirada hasta que desapareció-.
Yo: -miré a la chica irse también- ¿Te gusta Ariana?
Kendall: -su cara adoptó un color rojo intenso- ¿Quién dice?
Yo: Tu mirada –sonreí un poco-.
Kendall: Pues sí, me gusta. Pero ella tiene novio, no me daría una oportunidad.
Yo: ¿Seguro? Escuché que está algo aburrida de su novio.
Kendall: Lo mismo escuché yo, pero sé que ella nunca me vería a mí como otra cosa que su amigo –agachó la cabeza-.
Yo: Al menos sí es tu amiga –quise llorar otra vez-.
Kendall: Ay no, ¿para qué abro la boca?
Yo: No es tu culpa, yo…
Kendall: -no me dejó acabar- No tengo que sacar esos temas, mejor hablemos de otra cosa.
Yo: No, sí quiero hablar de eso Kendall –lo miré y tragué saliva- Yo…
ya me estoy sintiendo mejor frente a eso, de verdad –esbocé algo
parecido a una sonrisa-.
Kendall: Bueno, me alegro –también sonrió,
pero se notaba la inseguridad en lo que decía- Pero sabes que siempre
que necesites de alguien –me abrazó por la espalda mientras comenzábamos
a caminar hacia nuestra clase- No estás sola, nunca lo estarás –asentí,
sintiéndome protegida por primera vez en varios días-.