Podíamos esforzarnos
y aprenderlo muchas veces,
pero no teníamos poder sobre el olvido.
Podía mi barba colmarse de ortigas
y que no fuesen más que regalos
que la deriva envuelve en herrumbre.
Aquel era el viento que agitaba cada vida
y abatía las palabras sobre sus goznes.
Mi voz tiembla al recordar
la extensión del silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario